domingo, 19 de mayo de 2013

COLOMBIA: Estudio propone superación del modelo extractivista basado en la minería




En Bogotá, la declaración del ministro de Minas y Energía, Federico Renjifo, en esta semana, de que el Estado colombiano deberá liberar más títulos para las empresas mineras, está provocando polémicas. Pero el periódico El  Espectador presenta un estudio realizado recientemente, cuya directriz va en sentido contrario, respaldado por datos oficiales, que ha provocado numerosos  cuestionamientos con relación al anuncio.


Al mismo tiempo en que el anuncio provoca ánimo en los inversionistas por la posibilidad de ampliar sus proyectos, se suscita, entre otros sectores de la sociedad, nuevos cuestionamientos a partir de una investigación hecha por la Contraloría General de la Alcaldía de Bogotá, que hace una radiografía de la actividad minera, abordando, profunda y estadísticamente, los daños ambientales provocados por la misma.

Según el estudio "Minería en Colombia: fundamentos para superar el modelo extractivista’, los impactos da actividad además de serios, son irreversibles y compiten con la producción de alimentos, comprometiendo e inviabilizando la soberanía alimenticia.

Datos indican que para producir un solo gramo de oro, son gastados 1060 litros de agua. Si la producción fuera de arroz o papa, solo necesitaría 2 litros, revelando un gasto exorbitante del recurso, además de la contaminación generada por los metales pesados – mercurio y cianuro, principalmente - usados para separar el oro de los otros materiales presentes en la roca.

La "locomotora minera", expresión que caracteriza el boom de la minería en el País y la  consecuente otorgación  de títulos mineros a empresas transnacionales, se concentra principalmente en oro (43% de los títulos) y  en carbón (25%).

En ambos casos, el mineral es enviado para fuera del País, generando lo que muchos economistas ecológicos llaman "economía de entrabe", en la cual la población se ve gradualmente empobrecida a lo largo del tiempo, en cuanto una pequeña parcela de inversionistas obtiene lucros exorbitantes con la venta de materia prima.

Otros efectos citados por lo estudio son las grandes cantidades de residuos generados, la contaminación hídrica y del aire, el empobrecimiento del suelo y de la  biodiversidad, además del comprometimiento de la producción agrícola para subsistencia, y la violación a la vocación natural de estas áreas, detentoras de una biodiversidad única, para actividades productivas en armonía con el entorno, como por ejemplo, el turismo y la pecuaria de pequeña escala.

La actividad minera representa, aún más, un riesgo para la salud pública a largo plazo, ya que, por cada gramo de oro, se utilizan 40 gramos de arsénico, 10 gramos de cromo, 170 gramos de plomo y 50 gramos de zinc, que permanecen en el ambiente por miles de años.
Para la Contraloría, además  de estos daños socio-ambientales, la actividad minera hace parte de un modelo productivo que "no genera cadenas productivas internas e ni dinamiza la economía".

Julio Fierro, uno de los investigadores, critica también la ausencia del Ministerio de Ambiente y Desarrollo   Sustentable en las discusiones sobre el asunto.
Como agravante, existe el hecho de que los principales proyectos están localizados en los Andes, donde nacen las vertientes hídricas fundamentales para la preservación de las aguas, y en zonas susceptibles a desertificación.

Con relación a los desechos producidos, el estudio hace una comparación entre ciudades como Rio de Janeiro, Bogotá, Buenos Aires, que generan miles de toneladas de basura por año.

En el caso de extracción de oro, la cantidad de residuos generados en el mismo período puede ser de 70 veces más, y de carbón, 12 veces más.

Los datos informan, aún, que de los 1.997 títulos otorgados en 2010, solamente 194 cuentan con la licencia ambiental, lanzando un cuestionamiento inquietante sobre la responsabilidad de estos pasivos ambientales a largo plazo.

Actualmente, las informaciones obtenidas sobre estos impactos advierten, principalmente, de los EIA – Estudios de Impacto Ambiental elaborados por las mismas empresas, lo que deja clara la falta de competencia institucional, a nivel técnico y científico, por parte de las autoridades y entidades fiscalizadoras.  


La conclusión del estudio es que "a minería es una apuesta arriesgada y sin soporte porque no incorpora los impactos ambientales y debe ser prohibida en zonas de alta biodiversidad y de conflictos con comunidades nativas".

Da Redação
Com informações do El Espectador