La periodista Eliane Brum realizó una entrevista
con el legendario obispo de Xingu, actualmente amenazado de muerte y bajo
escolta policial desde hace seis años, en la cual él hace afirmaciones
categóricas y revelaciones sorprendentes desde la autoridad que le confieren
los 47 años luchando por la defensa de los pueblos indígenas de Xingu. Entre
otras cosas, Don Erwin sustenta que o PT "traicionó los pueblos de la
Amazonía y la causa ambiental". La entrevista fue hecha el año
pasado, mas debido a su importancia histórica la reproducimos integralmente.
ENTREVISTA CON DON ERWIN KRÄUTLER
En este lunes, 4 de junio, un
hombre grande, de sonrisa calurosa y cabellos blancos, se embarcó en un avión
para Brasil. Para el Brasil apenas, no. Para la Amazonía.
Después de 40 días en Austria,
la tierra donde nació, él siente falta de la geografía que escogió para ser
suya desde el momento en que, aún joven y tropezando en portugués, descubrió
maravillado que el Reno es “un riachuelo, se comparado al Xingu”.
Don Erwin suspira al extrañar
el río, las gentes, los olores y hasta el clima de la ciudad paraense de
Altamira, con temperaturas y humores tan intratables que solo agradan a los más
fuertes.
Este hombre, que circulaba
libremente por calles inmaculadas en la primavera austríaca, donde fue a buscar
recursos para proyectos sociales en la Amazonía, vuelve ahora para
su rutina de prisionero.
Hace seis años,
Don Erwin Kräutler, obispo de Xingu, no da un paso
en Brasil sin estar bajo la escolta de cuatro policías que se alternan para
proteger su vida.
Cerca de completar 73 años,
Don Erwin, que acogió y depués enterró la misionera asesinada Dorothy Stang,
vive en la mira de pistoleros. Hombres contratados por gente grande para callar
una voz que hace casi medio siglo eleva el tono en la defensa de los más pobres
y frágiles, de los indígenas, de los ribereños y de los extractivistas de la
Amazonía.
Don Erwin tiene escrito,
con rara coherencia, un capítulo crucial de una historia poco contada en
Brasil: el papel de la Iglesia Católica, especialmente la de los religiosos
ligados a la Teología de la Liberación y a las comunidades eclesiales de base,
en la protección de los pueblos de la selva y de la propia Amazonía a
partir de la segunda mitad del siglo XX.
La mayoría de las etnias indígenas
y de las comunidades amazónicas que conquistaron derechos y tierras en las
últimas décadas debe parte de su organización a los sectores más progresistas
de la Iglesia Católica. Así como parte de los líderes políticos que hoy
influencian los rumbos del país surgió en la acción de base de la Iglesia. Eso
va más allá de la religión, es Historia.
Es una historia cuyo sentido,
en las líneas más conservadoras de la propia Iglesia, se prefiere
silenciar. En este capítulo, Dom Erwin, capaz de hablar también el griego
clásico así como la lengua de los Kayapó, es uno de los protagonistas más
fascinantes.
Es resistente. A cada año, a
pesar de la edad avanzada y de los dolores en la columna, él visita 15
parroquias del Xingu. Al visitarlas, peregrina por las comunidades más olvidadas.
Duerme en barco, en hamaca. Se acostumbro tanto a la dieta local, que goza
comiendo pescado al almuerzo y nunca cena.
Es adorado por el pueblo más
pobre y odiado sin reservas por parte de la élite paraense, que lo
ataca, como también por la prensa de Belém do Pará.
Desde la decisión de Lula, y
ahora de Dilma Rousseff, de arrancar Belo Monte del papel, el casi legendario
obispo de Xingu ha hecho una oposición incansable contra la hidroeléctrica que
provoca controversia dentro y fuera del Brasil.
Por causa de ella, se tornó
una presencia incómoda para sectores del gobierno y del PT que un día apoyó, inclusive
con su voto.
Incómoda, especialmente,
porque es difícil destruir la reputación de un obispo que mantiene la
coherencia desde la dictadura militar en una de las regiones más
conflictivas del país, que ayudó a escribir los artículos de la Constitución de
1988 que garantizan los derechos indígenas y no se retractó ni aún frente a la
amenaza de perder su propia vida.
En esta entrevista, Dom Erwin
dice lo que piensa contra antiguos aliados, como también su imparcial denuncia
contra falsificadores y estupradores en el pasado reciente. Acusa al PT
de “traidor” – e dice que algunos petistas son “fanáticos religiosos”.
Afirma que Lula y Dilma
implantaron una “dictadura civil” al “irrespetar los derechos de los indígenas
asegurados en la Constitución”. Afirma que Lula pasará a la Historia como
“el presidente que destruyó la Amazonia y dio el golpe en los pueblos
indígenas”.
En la víspera de Rio + 20, el
planteamiento de Dom Erwin Kräutler abre una ventana para la comprensión de la
historia contemporánea. La entrevista a seguir fue hecha la casa del obispo, en
Altamira, con los policías militares que lo protegen desde afuera de la puerta,
más atentos.
Los cuatro policías demuestran
una preocupación que trasciende el deber: adoran a Don Erwin, que conoce
sus mujeres e hijos y escucha sus aflicciones de cada día.
En tres horas de conversa, Don
Erwin no evitó ninguna pregunta. Vale la pena abrir un espacio para escuchar
con atención un hombre capaz de apuntar las contradicciones y ampliar la complejidad
del momento estratégico vivido por Brasil, en el cual las experiencias tomadas
hoy determinarán lo que seremos mañana.
- ¿Què hace el señor cuando
está en Austria y cuál es la sensación de vivir sin escolta, sin policías al
rededor?
Dom Erwin Kräutler – Es necesario que yo pase, todos los años, por
lo menos un mes en Austria, con la finalidad de conseguir recursos para
mantener y sustentar las obras sociales y pastorales de Xingu. Tengo,
fuera de eso, muchas invitaciones de universidades y organizaciones que
defienden los Derechos Humanos y el Medio Ambiente. Cuando es posible, yo me
hospedo en mi casa materna/paterna y vivo, fuera de los compromisos, una vida
de "eremita". Eso me hace un bien enorme. Ando libremente por los
bosques de la tierra donde nací. Admiro la naturaleza, las flores, los campos,
los árboles que en primavera se revisten con su follaje de tonos tan
diversos. Me levanto antes de las 5 horas para poder “oir el silencio"
matutino y ver los primeros rayos del sol. Es maravilloso. Es una sensación de
libertad total que hace bien al alma y al corazón.
- ¿Cómo un austríaco escucha
por primera vez la palabra Xingu y acaba viajando para el Brasil y haciendo de
Xingu su casa?
Dom Erwin - Oí la palabra Xingu por primera vez a los 4 o
5 años, durante la Segunda Guerra Mundial. Mi madre siempre hablaba de su
hermano, Don Eurico Kräutler, en la época padre Eurico, que estaba en Brasil
desde 1934. Una vez él mandó, junto con una carta, algunas fotos. Yo recuerdo
perfectamente las casas de paja – él en frente, en aquel tiempo de
sotana, con un niño, un indiecito, mostrando la cámara con el dedo. Como la
gente dice: ¡mire el pajarito!, fue la primera foto de Xingu que vi en mi vida.
- ¿Qué sintió el señor?
Dom Erwin - (riendo) Sentí una profunda simpatía por
aquel niño, que era diferente, que estaba pintado. Desde entonces, siempre
preguntábamos a mi madre sobre los indígenas. Mi tío mandaba las cartas, que
eran leídas en casa por mi madre, después pasaban para mi tía, y entonces para
mi madrina, iban pasando por todos los parientes. Teníamos la foto de un
indígena en la pared. Yo recuerdo hasta su nombre: “Patoit”. Significa “brazo
fuerte”. Teníamos la foto de él allá en casa (en Austria), con la mujer y el
hijo.
- ¿Esa foto aún existe?
Dom Erwin – Sin duda. En mi cuarto, en casa de mis
padres, ella fue substituida por una foto más reciente, de una india Araweté
con su nené. Para nosotros, los Kayapó eran personas distantes, diferentes, mas
parecían parientes. Porque cuando la gente hablaba del tío Eurico, hablaba
también de los indígenas de Xingu. Mi tío solo pudo volver a Austria después de
la guerra, en 1948. Yo tenía 9 años y era acólito, entonces recuerdo muy
bien cuando él llegó. Mi tío hacía exposiciones con filminas. El mostró mucho
el sol naciendo..., Mas mi tío tenía su idea al respecto de los indios,
con la cual yo no compartiría hoy. Yo tengo otra visión.
- ¿Cuál era la idea de él?
Dom Erwin – La idea de él, y es preciso
entender que él era hijo de su tiempo, era la de "civilizar”,
“apaciguar", palabras que me pasan por los labios. No es por
ahí.
- ¿Es por donde?
Dom Erwin – Son pueblos diferentes. Y nosotros los
respetamos en su alteridad. Y no solo los respetamos, precisamos dar un paso más.
Nosotros los amamos. Yo hice esa experiencia. Recuerdo cuando fui aquí a una
aldea, de los Kayapó, y no hablaba una palabra en kayapó. Nada. Yo dije:
“Nunca más piso en esa aldea sin saber kayapó”. Y aprendí. No voy a decir que
hablo tanto como hablo el portugués, mas aprendí. Y la segunda vez que
fui allá, usted no imagina. ¡Mi Dios! La sonrisa más amplia y más amiga, más
íntima, yo diría: "Ahora él es nuestro, el habla nuestra lengua".
Ellos saben que nosotros nos esforzamos y, a través de la comunicación por
palabras, comprendemos el mundo de ellos.
¿Cuando
el señor estaba en Koblach, su ciudad natal en Austria, que cambio interno hizo
que atravesase el oceáno y viviera aquí por casi medio siglo ya?, O ¿Qué
lo llevó a hacer un viaje tan largo y un cambio tan radical?
Dom Erwin – Yo era un joven como cualquier otro. Estudié,
hice facultad de Filosofía, tocaba guitarra, hacía teatro. Tenía una juventud
muy bonita, con muchos amigos y amigas. Después vinieron personas de
otras provincias que no hablaban nuestra lengua, nuestro dialecto. Y eran
colocados al margen. Eso me dolía. Mas por qué? Simplemente porque son
diferentes, porque hablan otra lengua son excluidos? Comenzamos entonces,
en la juventud, a crear nuestros movimientos y a buscar esa gente que
quedaba al margen. Conseguimos integrarlos. Fue en ese momento, al
confrontarme con la exclusión por la diferencia, que surgió la idea de
ser padre. Estudié Teología, me ordené. Era de la misma congregación de mi tío,
de los Misioneros de Sangre de Cristo. En aquel tiempo, mis superiores querían
que yo continuase los estudios de filología antigua: griego y latín. Yo
gusto de eso hasta hoy. Leo la Bíblia en griego, el Nuevo Testamento.... Mas,
de repente cayó la ficha: “Yo voy para el Xingu”. Quiere decir, la gente
no decía: “Yo voy para el Brasil”. La gente decía: “Eu voy para el
Xingu”.
- ¿Por qué "Yo voy para
el Xingu"?
Dom Erwin – Creo que ahí tengo también toda la historia
de niño, que nunca olvidé. El Xingu era exactamente donde están los Kayapó. Y
no solo los Kayapó, más también los caucheros, pescadores y una pequeña ciudad
que era Altamira. Altamira en 1950 tenía 1.800 habitantes. Yo
entonces soñé con eso. Y dije para los superiores que quería ir para o Xingu:
era 12 de enero de 1965. Me ordené padre en julio de 1965. Me despedí de casa
el día 2 de noviembre, aniversario de mi padre. Fui para Hamburgo, al norte de
Alemania, y vine con un carguero. Eran solo dos pasajeros, fuera de la
tripulación. Yo nunca había visto el mar, ese tipo de cosa. Era un joven, 26 años.
Y atravesé el Atlántico.
- ¿Cuántos días, en aquella
época?
Dom Erwin - Salimos el día 4, en la noche, y después
atracamos en Tenerife, en las Islas Canarias, el día 11 de noviembre. Pasamos
allá un día, zarpamos de nuevo y llegamos el día 18. Eran las 4 de la
tarde cuando pisé por primera vez en tierra brasilera, en San Luís de Maranhão,
donde permanecí cuatro días, antes de seguir viaje, aún en navío, para Belén.
Allá en San Luís dormí en el convento de los franciscanos y comencé a
aprender portugués.
- ¿No sabía nada?
Dom Erwin - Nada.
- ¿Qué trajo con usted?
Dom Erwin - Yo no traía recuerdos de mi
tierra, no llegué con nada. Una u otra foto de la familia. Lo que traía
eran cosas que quería dar para los niños de aquí. Porque el personal de allá me
cargó de mil y una cosa para traer. Veo tanto niño aquí en esta casa:
“¿Quién es el padre que trajo muñecas?”. Quedé feliz de la vida. Muñecas para
acá y para allá. Después surgió un problema, porque alguien dijo: “Mas el señor
dio muñecas hasta para los creyentes, y nosotros aun no ganamos nada”. Y
yo respondí: “Voy a preguntar si era creyente o católico? Para mí se
trataba de unas muñecas - y muñecas bonitas!”. De cosas personales yo solo
llegué con cuadernos del tiempo de la universidad, tanto de la facultad de
Filosofía como de la de Teología. Los tengo hasta hoy! Fuera de eso, un
crucifijo que gané y un cobertor. Hasta hoy tengo ese cobertor. Está en
mi cama.
- ¿Cuál fue la diferencia que
el señor sintió entre el Xingu mítico, de su imaginario, y el Xingu real de
aquella primera mirada?
Dom Erwin - El Xingu me impresionó de una manera tal, que
yo nunca había sentido. Porque allá en Austria tenemos el rio Reno, mas es un
riachuelo, en comparación con esto aquí. Entonces, la primera vez que lo ví, el
21 de diciembre de 1965, a bordo de un avión DC3 de la Cruzeiro, viniendo de
Belén, Nuestra Señora, que maravilla! Yo quedé encantado con esa tierra, y
hasta hoy lo estoy. Esa es una de las razones de tener reservas muy
grandes en cuanto a la destrucción que está pasando sobre el Xingu y sobre
todos nosotros. Yo quedé tan impresionado que faltaron palabras. Creo que perdí
el suspiro. No era un llorar... Era una alegría. Una mezcla de alegría y de
maravilla por alguna cosa. Usted queda mirando y mirando…Usted no necesita
hablar, usted asimila, por así decir, esa maravilla toda. Y así queda
encantado. Se utiliza en portugués la palabra “encantado”. El Xingu
encanta.
- Por qué?
Dom Erwin - El Xingu es diferente de todos los otros ríos
del mundo, al menos de aquellos que yo conozco. Tal vez algo mítico, también,
por causa de los pueblos indígenas que hace millares de años viven aquí.
Entonces, yo veo como los indígenas ven. Los Kayapó no llaman de Xingu, llamam
de Bytire. "Tire" significa grande, majestuoso. El "by",
según la explicación de un viejo kayapó, quiere decir algo muy misterioso,
inexplicable. Es, por eso, sagrado, intocable, inviolable. Yo dije: “Aquí yo
voy a vivir”. Yo nunca pensé volver, sabía? Nunca.
- ¿El señor siente que esta es
su tierra?
Dom Erwin – Yo no voy a negar las raíces, claro... El
mundo de ahora es diferente, y yo me siento un pez fuera del agua. Paso
un mes en Austria, mas después vuelvo para acá. Mi vida es vivir aquí.
- En Brasil entero, y
especialmente en el Norte, existe el uso político de un sentimiento que puede
ser resumido por la siguiente frase: “Los gringos están invadiendo la Amazonía”.
¿El señor es tratado como un gringo?
Dom Erwin – No. Nunca fui. También el personal raramente
me pregunta donde nací. Me naturalicé brasilero. Tengo pasaporte
brasilero, cédula de identidad, título de elector, todo.
- ¿El señor es brasilero?
Don Erwin - Soy.
- Un brasilero que nació en Austria... Yo ya vi al
señor diciendo eso.
Don Erwin - Siempre digo eso: un brasilero nacido en
Austria. No fui mandado para acá. Fue una decisión mía. Yo me identifiqué con
el Xingu, con el Brasil. Claro que no nací aquí, mis padres y mis
antepasados son de otro país. Mis ancestros ya vivían allá en 1400 y poco. Se
trata de una familia muy tradicional. Pero, cada uno hace su escuela.
Cuando llegué aquí, yo sabía que me iba a quedar. Yo podía regresarme al
día siguiente, si no me hubiera agradado. Hay mucho trabajo en cualquier parte
del mundo. Mas ni por un segundo eso me pasó por la cabeza.
- El señor es una de las voces
más críticas contra Belo Monte. ¿Por qué el señor no quiere una hidroeléctrica
en Xingu?
Don Erwin - Altamira sufrió el primer
"choque" con la construcción de la Transamazónica. Yo recuerdo cuando
llegó aquí el presidente Médici (Emílio Garrastazu Médici, general que fue
presidente de Brasil en el período más violento de la dictadura militar, de
1969 a 1974). Él dio inicio a las obras, en un lugar llamado "Palo
de Presidente". ¿Usted fue allá para ver (el “Pau do Presidente”)?
- Aún no...
Don Erwin - No se pierde de nada. Solo quedó aquel tronco
de castaña, la placa la robaron... Eliane, usted naturalmente sabe que aquí se
usa esa expresión "palo del presidente" con cierta malicia!
- Puedo imaginar... ¿El señor
presenció la derrumbada del árbol de la castaña?
Don Erwin - Si. Todo el personal delirando
en el palco... delirando mismo! Batiendo palmas! , Derrumbando un árbol de
aquellos! Y diciendo que era el progreso que estaba llegando. Me cortó el
corazón... ¿Cómo es que puede? Aplaudir
que la reina de los árboles de Pará o de la Amazonía es tumbada, y con un
estruendo tremendo. ¿Cómo es posible? Está escrito en la placa que robaron:
"El presidente de la República da inicio a la conquista de este gigantesco
mundo verde". Y había una placa en una de las tres columnas, bien hechas,
que decía: “Después de 20 meses el presidente volverá para inaugurar, dando un
paso más para integrar...”. Era esa la época: "Integrar para no
entregar" y "Brasil, lo ama o lo deja"... Cosas de ese tipo. Yo
vi.
- ¿Dónde asistió el señor a
todo eso?
Don Erwin – En medio del pueblo que fue allá a ver al
presidente, habían dos obispos, vestidos con trajes episcopales, que pensaban
que serían llamados a subir al palco: El obispo de aquí, que era mi tío, y el
obispo de Marabá. No los llamaron allá para arriba porque el de Marabá no era
amigo de los militares. Él había denunciado un montón de cosas. En aquel tiempo,
era la guerrilla de Araguaia, entonces no llamaron a los obispos
para subir al palco... Yo pensé: “Bien hecho!” Más yo no tenía el coraje de dar
mi opinión, porque era un joven recién llegado. Mas los obispos también
creían que el progreso estaba llegando... Altamira era una ciudad olvidada, en
medio de la selva.
- Es muy simbólico
derrumbar una castaña, un árbol gigante, como símbolo de la llegada del
progreso y del desarrollo, ¿no?
Don Erwin – Después se hablaba en “beneficio”.
Tienen que “beneficiar” la tierra, encaminar, por ejemplo, un crédito bancario.
Entonces tenían que derrumbar.
- ¿Qué era Altamira antes de
la Transamazónica?
Don Erwin - Era una pequeña ciudad olvidada. De día
faltaba agua, de noche faltaba luz. Tenía un motor de la alcaldía que había
funcionado por última vez en los 15 años de la hija del alcalde. En los años 60
querían abrir una trocha para unir a Santarém con el mundo, y mataron no sé
cuantos indígenas. Después vino la Transamazónica. Un compadre mío, que
trabajaba como telegrafista en aquel tiempo, dice: “Oiga, compadre ahora
viene el progreso. Tenía un telegrama de un tal de Incra diciendo que van a
construir una carretera. Están diciendo que va a llover dinero.
- Un discurso muy parecido con
el de ahora, ¿no? Va a “llover dinero”, el progreso va a llegar...
Don Erwin - Esa es la idea: el “progreso”
va a conquistar (aventureramente) toda esa región. Entonces, de hecho, comenzó
en el kilometro 5, con la derrumbada de aquel árbol, donde todo era
selva. Y hoy usted ve todo desértico. El trazado de la Transamazónica ya fue
hecho así, pensando en futuras hidroeléctricas, como Belo Monte. En los años 70
ya hicieron toda la investigación. En 1950, Altamira tenía 1.200 habitantes. En
1960, 2.800. Y después, creo que de 1965 en adelante, unos 4 mil, 5 mil. Mas después
llegó el boom... el personal vino del Nordeste, primero, después del Sur.
Así Altamira ganó otras caras. Y con la Transamazónica, en 1975, se hablaba de
una posible hidroeléctrica, mas era una cosa muy distante. En los años 80,
entonces, la cosa ya tomó forma, hasta que, en febrero de 1989, vinieron los
indígenas...
- El señor estaba
presente en el I Encuentro de los Pueblos Indígenas de Xingu, en 1989? (En esa
ocasión, Tuíra, índia kayapó, mostró la lámina de su puñal en el rostro de
Antonio Carlos Muniz Lopes, de la Electronorte, para expresar su indignación
contra el proyecto de Belo Monte, en aquella época llamado de Kararan. La foto
de la escena la vio todo el mundo).
Don Erwin - No. Yo estaba en Suíza... Los
indígenas vinieron a hablar con migo. Querían marcar el I Encuentro de los
pueblos Indígenas de Xingu. Entonces yo me encontraba en aquel tiempo, no voy a
decir con el primer escalón, mas con el segundo escalón del Banco Mundial, en
Berna. Y me avisaron: el Banco Mundial solo va a proveer el crédito (para la
obra) si la cláusula indígena y la cláusula ambiental fueran observadas y
cumplidas. Eso, para mí, fue la señal de tranquilidad. Pensé: ese peligro ya
pasó. En cuanto yo estaba allá, ocurrió el episodio con la Tuíra, aquí. Yo
conozco muy bien ese Antonio Carlos Muniz...
- ¿Cómo lo conoció?
Don Erwin - El me convidó cuando estuve en
Brasilia, en los años 90, para su gabinete, y me mostro todas las cosas. El
quería cautivarme, conquistarme para el proyecto. Fui muy bien tratado, sabia?
Mas cuando la gente es tratada tan bien, con besito, etc, es preciso quedar
dudando. Cuando es así, tiene buena línea. No es porque te quieren bien, mas
ellos quieren prepararte, quieren aprovechar que estás solito y
convencerte.
- ¿Brasilia lo asusta, en ese
sentido?
Don Erwin – Sí, me asusta. ¡Mi Dios!
Estuve dos veces con Lula, tanto con él como con otras personas. Yo tenía
buenos contactos, gente buena en Brasilia que estaba de nuestro lado. Ahora, últimamente,
estamos en un cierto aislamiento, porque aquel pueblo que antes luchaba conozco,
que estaba de nuestro lado, que defendía la misma cosa, que luchó por la misma
causa, ahora defiende lo contrario.
- Cuando Lula fue
electo, el movimiento social de la Amazonía tenía certeza de que Belo
Monte estaba definitivamente sepultada. ¿Cómo fueron sus encuentros con Lula?
Don Erwin - La primera vez fue el 19 de
marzo de 2009. Fui con un abogado del Cimi (Consejo Indigenista Misionero),
amigo mío de vieja data, y con un asesor político del CimiI, que ahora
fue conquistado para ser miembro del gabinete del presidente. Quedé con
Lula unos 20 minutos, tal vez media hora. Le presenté nuestras angustias
y preocupaciones, y él fue el primero en insistir en que hubiese un diálogo
constructivo, que evaluáramos los pros y los contra. Yo dije: “vea, yo quería
que el señor oyese al pueblo”. El preguntó: “Que pueblo?” Yo dije: “El pueblo
de Xingu, los representantes del pueblo de Xingu”. El dijo (Don Erwin imita la
voz y el gesto de Lula): "Manda llamar!". Acertamos entonces una
segunda visita. Recuerdo que, al final de ese primer encuentro, yo dije:
“Saludos a su esposa. Lula quedó hasta asustado, porque no estaba acostumbrado
a recibir saludos para su esposa. Cuando alguien se encuentra con el
presidente, no recuerda que él es casado. Sentí a Lula como alguien muy amigo,
simpático.
-¿Fue la primera vez que el
señor lo vio?
Don Erwin - No, ya lo había visto en
campaña.
- ¿Cómo el señor percibió a
Lula?
Don Erwin - Él era aquel tractor, hablaba para acá y para
allá. La gente veía que él estaba en campaña y que éramos otra pieza de esa
campaña. Da la mano, saca foto... Mas, en 2009, fue un encuentro… muy amistoso.
Yo aún esperaba que él se convenciera que no era por ahí. Hasta escribí:
"Gracias a Dios, Lula entendió". Y marcamos otra audiencia, el 22 de
julio del mismo año. Fue muy interesante. Llevamos dos indígenas, dos
ribeireños, a Antonia Melo (una de las principales líderes de Xingu), dos
procuradores de la República y el profesor Célio Bermann (del Instituto de
Electrotécnica y Energía de la USP). Pero, Gilberto Carvalho (jefe de
gabinete del entonces presidente Lula, hoy ministro de la Secretaria General de
la Presidencia de la República en el gobierno Dilma) quería que sólo yo hablase
en nombre de todos. De otro lado había el sector energético del gobierno, todos
figuras... Nosotros, de un lado, humildes, extraños cual pez fuera del agua e,
del otro lado, esa gente que mandaba y hasta hoy está mandando... Mas teníamos
seguro aquello que queríamos. Y, cuando Lula llegó, él se sentó a mi
lado. Yo dije: “Presidente, el señor va a tener que oír a ese pueblo. Ese
pueblo vino de muy lejos y quiere hablar con usted. No puede atender solo dos
en representación de los otros, van a salir con una frustración muy grande!”
Lula entonces dijo (y Don Erwin imita el vocerón del entonces
presidente): “Deja, conmigo vamos a hacer!”. Entonces, de hecho, él dio la
palabra a todos.
- ¿Qué dijeron ellos?
Don Erwin – El pueblo habló de su angustia, de que no
podían dejar su tierra. Después, los procuradores de la República
hablaron de las inconstitucionalidades del proyecto de Belo Monte, de que los
indígenas no habían sido escuchados. Célio Bermann colocó entonces los
puntos técnicos y financieros que tornaban el proyecto inviable. Y ahí es que
yo vi a Lula asustado. El miró para su gente, diciendo: “Ustedes van a
tener que dar una respuesta inmediata al profesor”. Mas esta respuesta hasta
hoy no ha sido dada.
- ¿El señor cree que Lula
estaba siendo sincero, o era teatro político?
Don Erwin – Era teatro, juego político...
Depués el me tomó el brazo y dijo (imitando la voz): "Don Erwin, nosotros
no vamos a apoyar ese proyecto aunque caiga quien quiera que sea. Cuente
con migo. El diálogo tiene que continuar. Segundo: Brasil tiene una
grande deuda con los afectados por las hidroeléctricas, y esa deuda, hasta hoy
no ha sido sanada. Hay mucha gente deambulando por ahí que no recibió la
indemnización, y la vida prácticamente les fue arruinada. Tercero: Nosotros no
vamos a repetir (lo de la hidroeléctrica) Balbina. Balbina es un monumento a la
deshonra. Y cuarto: el proyecto sólo va a realizarse si trae ventajas para
todos".
- ¿Lula dijo eso?
Don Erwin - Dijo! Textualmente, sentado a mi lado, me
tomó el brazo (muestra el brazo izquierdo). Yo pensé, bien... el presidente no
iría a hablar eso si no fuese verdad. Mas, las mujeres tienen más sensibilidad,
tienen más intuición. La comadre Antonia Melo no quiso ni estar en la foto.
Todos los otros sacaron foto con Lula. Yo quedé hasta extrañado, mas ella
sintió, en aquel tiempo, que era apenas un show. Gracioso: las mujeres en este
punto tienen una intuición que los hombres no tienen. Yo pensé: “No, Lula
no va a mentir en mi cara!”. Y aún asegurando mi brazo... (Imita nuevamente la
voz de Lula): “Don Erwiiiin....”.
- El señor imita bien la
voz de Lula... ¿O señor salió satisfecho?
Don Erwin – No voy a decir satisfecho, mas
muy esperanzado, porque al final él además dijo: "El diálogo va a
continuar, nos vamos a encontrar de nuevo". Y ahí, de repente, yo me di
cuenta de que no hubo ningún diálogo. Porque él habló, mas no preguntó cuales
eran nuestras ideas, no preguntó lo que nosotros pensábamos, ni como creíamos
posible resolver ciertos impases.
- ¿Cómo fue el clima de esa
reunión?
Don Erwin – La primera parte de la audiencia
con Lula, fue sin él. Solo con el sector energético, Funai y otras instancias
del gobierno. Ese personal del gobierno, de los procuradores de la
República, diciendo que ellos no entendían nada, que no era de su ramo, que se
estaban metiendo en asuntos que no les correspondían. Y hasta fueron alterando
la voz, ¿vio? Quedé hasta asustado pensando que la educación había pasado muy
lejos de aquellos señores. Me acordé de que quien grita revela que no tiene
argumentos para convencer al interlocutor. En el fondo, esa gente tenía que
admitir que la razón y el buen senso estaban de nuestro lado. Así, optaron por
actitudes autoritarias e de prepotencia, queriendo intimidarnos, diciendo que
no entendíamos nada del asunto. De nuestro lado, ninguno perdió en ningún
momento la compostura. No respondimos a los gritos. Los berridos salieron de la
garganta de ellos. En este exacto momento, Lula entró "en
escena", preguntando: “¿Ustedes están vivos?”. Porque era un berrido, no
era diálogo. La entrada de Lula en la sala parecía una ducha de agua fría
encima de su gente. De repente, ellos se recompusieron. ¡Me pareció
ridículo! Parecían niños brincando en la sala de clase que, cuando el profesor
entra de repente, quedan con miedo de algún castigo o de baja nota y entonces
se calman. Ahí Lula me saludó efusivamente, como si fuésemos amigos de
vieja data, "compañeros" de lucha desde la primera hora. Y, no niego,
me sentí bien conforme por habernos recibido, elogiando ese gesto abierto de
busca de "diálogo". Pués en aquel momento creí realmente en el
diálogo.
- ¿Y no fue?
Don Erwin - Sólo caí en cuenta cuando, en octubre
del mismo año, pasé una semana en Brasilia esperando la continuación de ese diálogo.
La audiencia fue postergada de la mañana para la tarde, de un día para otro,
hasta que finalmente, recibí una llamada el viernes en la noche en que
Gilberto Carvalho me pedía disculpas, diciendo que no era posible ser recibido
por el presidente, pues él había tenido que viajar a Venezuela. Ese viaje
ciertamente estaba programada en el inicio de aquella semana y servía de
pretexto para evitar el compungimiento de ser obligado a decirme que el
presidente y su staff no estaban mas interesados en la continuación del
"diálogo". El 23 de septiembre de 2009 yo escribí una carta
a Lula, tratándolo aún de "mi presidente". Nunca recibí respuesta.
- ¿Usted había creído en la
promesa de diálogo hecha por lula?
Don Erwin –Yo creí. Habíamos dado un paso importante, porque
habíamos llegado hasta allá. Y ahora, aquel sector de gobierno, que antes nos
había gritado, tenía que darnos respuesta por orden del presidente. Pero nunca
hubo diálogo. En aquel encuentro nosotros mostramos lo que iba a
acontecer, lo absurdo de esa obra en todos los sentidos, inclusive en su
viabilidad financiera. Y nadie nunca nos respondió para probar que estábamos
errados. Célio Bermann habló, y yo entregué para Lula un resumen de
la posición de Oswaldo Sevá Filho (profesor e investigador de Ingeniería
Mecánica de la Unicamp), que no podía acompañarnos porque estaba enfermo,
así como la posición de otros grandes profesionales e investigadores de esa
área en Brasil. Y todos mostraban la inviabilidad de Belo Monte, así como la
destrucción que ella iba a provocar. ¿Por qué ese pueblo no recibió una
respuesta?
-¿Por qué?
Don Erwin - Porque no hay respuesta. Los
argumentos son imbatibles. Tienen que desmontar la opinión de las mayores
cabezas de esa área en Brasil, tienen que tener argumentos fundamentados en la
realidad, mas el gobierno no los tiene. Y, si no tiene, necesita asumir:
"Nosotros tenemos que hacer eso. Es una decisión política, y no
técnica". Si la decisión fuese técnica, Belo Monte jamás sería hecha. Por
eso, el diálogo fue abortado desde el inicio. Aquello que Lula hizo era sólo un
show para agradar al obispo.
- En el caso de Belo Monte, el
gobierno defiende que los indígenas no serían afectados. Mas muchos
ambientalistas e investigadores refutan esa afirmación, mostrando que no es
posible represar un rio sin que eso afecte las comunidades que viven en torno a
el. ¿Cómo el señor ve esa cuestión?
Don Erwin – Si el proyecto de Belo Monte se concretiza,
los pueblos que viven alrededor de Xingu serán afectados. El gobierno niega,
porque, para el gobierno, afectar un pueblo indígena es solo cuando se
inunda, se inundó la aldea. La inundación, de hecho, no va acontecer, pero el
contrario acontece: se corta el agua. Si usted observar el mapa, va a percibir
que, en los 100 kilómetros alrededor de Xingu, va a llegar un mínimo de agua. Tengo
absoluta certeza de que no habrá mas condición de pescar y de abastecer esos
pueblos. Después, será perjudicada la agricultura. Y, por fin, ellos no tendrán
como transportarse, quedarán sometidos. Un pueblo sometido a una vida en esas
condiciones no sobrevive, o lo hace por un tiempo, pero después acaba. Se van a
reventar. Tal vez se vuelvan indígenas citadinos. Perderán la cultura, perderán
la lengua. Estarán aquí, en algún suburbio de Altamira. No diré que dejarán de
ser indios, más ya no serán indígenas viviendo en su propio contexto, con
sus organizaciones y con su lengua.
- Es una cultura que muere,
una forma de estar en un mundo que muere, ¿es eso?
Don Erwin – Tenemos
que hacer una distinción: existe la muerte física y existe la muerte cultural.
Y aquí en Xingu, por causa de Belo monte, podrán acontecer las dos cosas. La muerte
cultural, porque arrancarán de ellos la posibilidad de sobrevivir en
determinado espacio que, para ellos, es muy significativo, porque es suelo de
sus mitos, de sus ritos, es donde entierran sus antepasados. Si usted arranca
eso de los indígenas, está cortándoles el cordón umbilical con la tierra.
Necesitamos comprender que ellos tienen otra relación con la
tierra, diferente de la nuestra. Para nosotros, la tierra es cosa que se compra
y se vende. Para ellos, no. Además de la muerte cultural, es probable que
también acontezca la muerte física, porque ellos no están preparados para vivir
en la ciudad. Los Arara, por ejemplo, fueron diezmados por enfermedades después
de ser contactados. Esa historia nunca fue bien contada.
- El señor afirma que Belo
Monte es solo la primera de muchas represas, una forma de vencer la
resistencia para imponer un proyecto que es mucho mayor y que va a destruir a
Xingu por completo. ¿Cómo el señor tiene tanta certeza de eso?
Don Erwin - Todos los argumentos
científicos serios muestran que esa hidroeléctrica no funcionará durante todo
el año. Lo verán, en Xingu baja mucho el nivel y no existirá volumen de
agua suficiente para hacer funcionar las turbinas. Por lo tanto, van a
invertir millones y millones de reales en una hidroeléctrica que durante meses
no funciona. Eso es un absurdo! Y el gobierno sabe perfectamente que es un
absurdo. Entonces, es lógico que Belo Monte será solo la primera represa. Es
preciso hacer todo para que la población acepte esa primera represa, después de
décadas de resistencia. Para entonces, vendrán las otras. Porque solo con las
otras Belo Monte será un buen negocio. La segunda, la tercera y la cuarta: van
a dañar el rio hasta allá en la cima, en San Félix de Xingu. Y ahí, todas esas
áreas que están en la margen izquierda y derecha de Xingu, que son áreas
indígenas ya homologadas, van a sufrir. Y ahí, los Assurini, los Araweté,
los Paracanã, los Arara, y los Kayapó van a ser afectados. Es por eso que
los Kayapó allá de la cima, hasta los mismos del Parque Nacional de
Xingu, están en contra, aún estando a mil kilómetros de distancia. Ellos ya
conocen esas historias. Después de construir la primera represa, la
tempestad pasa, la resistencia disminuye, y ahí completar la obra queda más
fácil. Esta es la estrategia del Gobierno. Y ahí yo afirmo: es un golpe fatal.
Van a matar los indígenas, cultural y físicamente.
- Parte de la población
brasilera cree que los indígenas tienen demasiada tierra y hay, incluso,
aquellos que creen que los indígenas son un obstáculo para el desarrollo. ¿Por
qué parte de los brasileros piensa así?
Don Erwin - Bueno, primero necesitamos
entender que, para los indígenas, la tierra no es una mercancía. Voy a contar
una historia real para que las personas entiendan mejor esa relación totalmente
diversa que los indígenas tienen con la tierra. Un blanco mostró un papel en el
que estaba escrito: “República Federal de Brasil, Título Definitivo de Tierras,
de este riachuelo hasta el otro, haciendo frente con el río Xingu y de fondos
2, 3, 5, 10 kilómetros”. Entonces, el indígena preguntó: “¿Cómo puede usted,
con ese papel, decir que es dueño?, ¿Cómo?. Es un papel. ¿Usted hizo la
selva? No. ¿Y la caza que está dentro de la mata? No. ¿Usted hizo los
ríos y los peces que están en el rio? No. ¿Usted hace llover? No. ¿Usted hace
que el sol brille? Entonces, ¿cómo usted puede mostrar un pedazo de papel y
decir que es el dueño?”.
- Son formas de ver el mundo
totalmente opuestas, ¿no? Solo que una de ellas tiene el poder de imponer su
visión del mundo como verdad única...
Don Erwin - Esa cultura se choca con la cultura de
sociedad mayoritaria, que trata la tierra como mercancía. Y como mercancía, la
tierra será aprovechada, porque ella solo tiene sentido se fuese
exprimida. Entonces, “aprovecha” hasta arrasar la tierra. Hasta no haber extraído
la última gota de sangre, esto es, hasta no haber sacado todo el mineral y
todas las riquezas del suelo y del subsuelo, el hombre forjado en esa mentalidad
no estará satisfecho. Es claro, por lo tanto, que las personas que ven la
tierra como mercancía, en un sistema de libre mercado, van a creer que el indígena
tiene demasiada tierra. Lo interesante es que esas mismas personas nunca dicen:
“Tal hacendado tiene demasiada tierra”. No, eso no. Cuando un hacendado pone
una placa y dice que la tierra es de él – y aquí el bazar de la tierra, como se
sabe, es enorme - esas mismas personas no reclaman. Pero, cuando se hace
la demarcación de una área indígena, todo mundo grita. Y, lo más curioso,
hay ciudadanos que de repente aprenden geografía: “Ellos tienen una tierra del
tamaño da Bélgica! Tiene una tierra del tamaño de Portugal, una tierra del
tamaño de Suíza!”.
- ¿Qué es tierra, para
os indígenas?
Don Erwin – Para los indígenas, tierra es vida. Y, para
el sistema de la mayoría de los brasileros, tierra es mercancía. Tal vez se
consiga, aún, hacer con que unos y otros entiendan, por lo menos, que al
demarcar las áreas indígenas en la Amazonia, estamos salvando un pedazo de
ella.
-¿ El señor cree que parte de
la Amazonía aún está preservada por causa de esa diferencia de visiones del
mundo?
Don Erwin - Si. Y las personas necesitan recordar
que la Amazonía tiene una función reguladora del clima mundial.
Quiere decir: si la Amazonía acaba, el gaúcho (Rio Grande do Sul) allá abajo,
el mineiro (oriundo de Minas Gerais), el capixaba (Espítiro Santo) van a sufrir
las consecuencias. Y nosotros aún no sabemos cuál es el alcance real de esas
consecuencias. Si la temperatura aumentara tres o cuatro grados, solo para
poner un ejemplo, ¡será terrible!. La verdad es que las consecuencias de la
destrucción de la Amazonia no cesarán en las fronteras ni del Norte, ni
de Brasil. Así, los brasileros de todas las regiones deberían agradecer que
haya áreas de preservación indígena, haya reservas extractivistas y hayan
parques nacionales. Es sólo porque existen esas reservas que hay una parte de
la Amazonía aún preservada. Pero, desafortunadamente, las personas no perciben
que la destrucción de la Amazonía también afectará su vida.
- Es curioso como las personas
se sienten a salvo, ¿no?
Don Erwin – Por las informaciones que
recibí, están proyectadas 61 hidroeléctricas para el Brasil, la mayoría aquí en
la Amazonía. La misma EPE (Empresa de Pesquisa-Investigación
Energética) no niega que serán afectadas directamente áreas indígenas y también
parques nacionales. Hablan descaradamente. Entonces, me gustaría saber
qué sobrará.
- La mayoría de los sectores
de la sociedad, inclusive el gobierno, habla en “desarrollo sustentable”.
Ninguno dice que no quiere el desarrollo sustentable. Más, en la práctica, el
discurso que sostiene la sociedad es el de una oposición entre desarrollo
y medio ambiente. ¿Por qué el señor cree que esa visión todavía
persiste con tanta fuerza?
Don Erwin – Es un mito. ¿Qué desarrollo es
ese? Quién va a ser beneficiado con ese desarrollo? Basta ver hoy la
situación en que está Altamira. Y la obra solo está comenzando. De las promesas
y exigencias hechas, nada. De 40 exigencias colocadas por el propio Ibama, y
otras 24 de la Funai, casi nada. No tienen infraestructura, ni habitación, ni
salud, ni educación. Para mí, desarrollo es dar a la población la posibilidad
de vivir con dignidad. O sea: vamos a aplicar en salud, en educación, en
transporte, en vivienda, en saneamiento básico y en seguridad. Mas, aquí,
desarrollo es hacer dinero, es garantizar energía para las grandes
multinacionales y exportar materia prima. ¿ Va a beneficiar a quién ese
desarrollo?. El personal aún no despierta. Y esos grupos, a favor de Belo Monte
y de los grandes proyectos para la Amazonía, difunden la falsa idea de
que nosotros estamos contra el progeso. Mas, nosotros siempre luchamos por la
salud en esa ciudad, por la educación, por el saneamiento básico. Ese
desarrollo que pregonan es para unos pocos, no es para el pueblo.
- La población tiene miedo de
un “apagón”...
Don Erwin – Si. Esos grupos, favorables a los
grandes proyectos en la Amazonía, quedan también operando como el fantasma del
apagón. Quedan diciendo: “Vea, los gauchos que se cuiden, porque en invierno,
gaúcho no tendrá más ducha eléctrica, y después no podrán seguir viendo
la novela de las ocho”. Mentira! Esa energía será exportada en forma de lingotes
de alumínio. Y ella no es nada limpia... y mucho menos barata. Nosotros
tenemos excelentes universidades, científicos de primera clase, tecnología de
punta. ¿Por qué no se invierte ahora para procurar fuentes alternativas de
energía? Aquí, tenemos sol de las seis de la mañana a las
siete de la noche. En el sur de Alemania, por ejemplo, todas las
casas tienen placa solar. Y vea que ellos tienen un invierno largo. Allá en
diciembre, el sol nace a las 9 am, 10 am, y a las 5 de la tarde ya está oscuro.
Y nosotros aquí podemos , a las 6 de la mañana, ver nacer el sol que nos
alumbra hasta las 7 de la noche. ¿Por qué no aprovechamos esa dádiva
divina? Y después existe el litoral. Brasil tiene un litoral enorme, que
no tiene fin. ¿Por qué no aprovecha un pedazo, por lo menos, donde no hay
turismo, para invertir más en energía eólica? Y, además, gran parte de las
redes de transmisión están obsoletas, lo que ocasiona la pérdida de cantidades
de energía. ¿Por qué no invertir en reparar y restaurar esas redes de
transmisión?
- ¿Por qué usted cree que el
gobierno quiere tanto construir Belo Monte?
Don Erwin - Esta es mi gran pregunta. Yo no tengo respuesta.
Apenas voy adivinando. ¿ Por qué Lula era contra y de repente está a
favor? ¿Por qué el PT era contra Belo Monte, y después de llegar al
gobierno pasó a defender exactamente eso que combatía? ¿Por qué los diputados que elegimos aquí hoy
están a favor y no saben ni por qué? ¿Qué hay por detrás? ¿Por qué esa
metamorfosis camaleónica? En la campaña era en contra, como es el caso del
diputado Zé Geraldo (PT-PA), que andaba aquí abajo, en la ribera del río, dando
las manos y rezando, de camisa blanca, participando de místicas. Y ahora, ¡Mi
Dios!, defiende exactamente lo contrario: "Belo Monte tiene que salir, la
gente no puede colocar la Amazonía debajo de una redoma". Ninguno está
proponiendo una Amazonía intocable. Los que nos unimos en oposición contra Belo
Monte defendemos que las riquezas da Amazonia sean aprovechadas de una manera
inteligente y no de una manera burra.
- Históricamente, el movimento
de resistencia a Belo Monte siempre apoyó a Lula. ¿Qué aconteció?
Don Erwin – Aquí, la resistencia contra
Belo Monte se identificó con el PT, y el PT se identificó con la
resistencia contra Belo Monte. Eso hasta que Lula tomó posesión. Cuando
descubrimos que Lula había cambiado de idea, caímos de la nube. ¡Mi Dios¡
¿Cómo es que puede? Y entonces los petistas de aquí también
cambiaron de lado. Comenzaron, inclusive, a hostilizar las personas
que aún defienden a Xingu contra ese monstruo. Hay gente que antiguamente se sentaba
aquí en esta sala y que hoy no aparece más, porque sabe que el obispo permanece
en su posición contra Belo Monte. Hay gente del PT que parece fanática
religiosa. Fanático religioso es terrible, ¿no es?
- ¿Por qué?
Don Erwin - Porque no tienen discusión,
no tienen diálogo. Con un fanático usted nunca va entablar un diálogo
real, él ya se cree dueño de la verdad, tiene su certeza. Entonces, el PT dice:
“Las razones defendidas por el partido tienen que estar por encima de la propia
consciencia de los partidarios”. Y mucha gente reza la cartilla del PT porque
cree que ahí está todo resuelto. En realidad yo no puedo, por causa de mi filiación
partidaria, tener opinión propia o divergente. Aquí, quien tenía opinión propia
y no quiso traicionar su consciencia, como Antonia Melo, se desvinculó
del partido.
- ¿Fue un golpe muy grande ese
cambio de posición con relación a Belo Monte?
Don Erwin - Fue una traición, un golpe tremendo. Es
muy duro usted ser traicionado por personas a las que dio las manos.
Inclusive fueron a preguntar, en voz baja: (habla bajito): “¿Obispo, por quien
va a votar? El señor no puede hablar en el sermón, mas ¿Por quién va a
votar el señor?”. Yo dije: “Yo voy a votar por Lula. A fin de cuentas, es el
partido que nació y surgió de las bases, etc. Tenemos que luchar por otro
Brasil, gente”. Tiempos después el pueblo pasó a decir: “Ahora el obispo está
digiriendo...”.
- ¿Está siendo difícil digerir
lo que el señor llama de “traición”?
Don Erwin – Yo nunca hablé en público sobre
mi voto, mas todo mundo sabía que nosotros queríamos un Brasil diferente, un
Brasil justo, fraterno, sin corrupción, un Brasil con ética y con todos
los ideales que teníamos y aún defendemos. Mas los caciques del PT desde
la primera hora se fueron. ¿Quién está ahí de los antiguos? Se apartaron.
Notaron que también fueron traicionados. Yo me siento traicionado. Ahora dicen:
“El obispo estaba a favor de esa petezada”. Y ahora yo tengo que digerir
los sapos..."
- ¿El señor cree que la construcción
de Belo Monte marcará negativamente la biografía de Lula y de Dilma Rousseff?
Don Erwin – Si Belo Monte se concretiza, Lula será recordado
como aquel que destruyó la Amazonia, y dio el golpe
en los pueblos indígenas. Es la expresión mas
macabra de su orgullo: hacer un monumento para si a costa de pueblos que, a través
del mismo monumento, condenó a la muerte. Y, en el fondo, este monumento irá a
ayudar más al Exterior que a Brasil. Lula pasará a la historia como aquel
que arrasó con el Xingu. No solo con el río, también con los pueblos de
Xingu. Y yo no quiero cargar una fama como esa en mis espaldas, hasta morir,
y aún para después de mi vida en este mundo.
- ¿Qué quiere decir el señor
con “monumento”?
Dom Erwin – Lula quiere tener ese monumento en nombre de
él. Lula no tiene idea de desarrollo. Desarrollo para él es tener más
dinero a disposición y exportar, exportar, exportar, aumentar o PIB. Solo
que esa obra no tendrá resonancia en mejorar la vida del pueblo. Por el
contrario.
- ¿El señor cree, entonces, que
Lula no entiende la Amazonía?
Don Erwin - Nunca la entendió. Y mucho menos entiende al
indígena. Él nunca se dio al lujo de profundizar en eso. Para a Amazonía, él
sólo vino en campaña. Mas, él no tiene idea de la complejidad de la Amazonía y
tampoco preguntó nunca... Usted no puede comparar el Río Grande del Sur con el
Pará. Cuando visito el Sur, me dicen: “Pero, ¿dónde vive el
señor?”. Yo respondo: “Altamira”. Ellos entonces dicen: “Ah, ¿es, Altamira?
Nosotros también tenemos una tía en Recife”. Recife. Las personas ni saben, de
hecho, donde queda el Norte. Confunden con el Nordeste. Las culturas
aborígenes de aquí, las culturas autóctonas, son diferentes. Y tienen que vivir
aquí para comprender eso. Lula nunca entendió – y nunca creyó necesario
entender.
Y, al final del mandato, él entró en delirio.
- ¿Delirio?
Don Erwin - Delirio. Poder. El se deleitaba con las cifras,
con las estadísticas. Aquí mismo él habló babas.
- ¿Babas?
Don Erwin – Dice que el personal que esta contra Belo
Monte son unos "niños y unas niñas que no comprenden”. Dice que él
también, cuando era más nuevo, estaba contra Itaipu, porque decían, en aquel
tiempo, que iba alagar a Argentina. El se burló del dolor y de las
reivindicaciones legítimas de las personas de Altamira, con ideas y vivencias
diferentes de las de él. Yo dije, al oír su discurso: “¡Mi Dios, y eso en la
boca del presidente!”.
- Descalificó a quien
protestaba?
Don Erwin - Descalificó. En 2006, en un banquete ofrecido
por el entonces gobernador de Mato Grosso, Blair Maggi, ganador del trofeo
"motosierra de oro" por su contribución al desmatamento depredador
del país, Lula también se había dejado llevar por una declaración
comprometedora. Identificó los indígenas, los quilombolas, los ambientalistas y
hasta el Ministerio Público como "obstáculos" para el progreso.
Consideró, también "insignificantes" los artículos de la legislación
ambiental, pues estos parámetros legales estarían obstruyendo el desarrollo del
país. Por eso, la orden es de desconsiderar o, por lo menos, no dar tanta
importancia a impactos sociales y ambientales. Caso contrario el país, en
la opinión de Lula, estaría condenado al estancamiento. Puede hasta ser
que el presidente posteriormente se haya arrepentido de lo que habló de
improviso, pero los medios ya habían divulgado la embarrada.
- ¿Cómo el señor ve el
discurso de “La Amazonía es nuestra!”, que parece servir para todo, inclusive
para destruirla?
Don Erwin - La Amazonía es nuestra... nadie dudó nunca de
la soberanía de Brasil sobre la Amazonía. Quién va a dudar? ¿Quién va a creer
en algo como: “Ahora vienen unos americanos a apoderarse de aquí....” No tiene
ningún sentido. Eso no va a acontecer. Quien ve la configuración del mundo de hoy
sabe que eso no acontecerá nunca. Ahora, el mismo Lula y los presidentes anteriores
que dijeron "La Amazonía es nuestra", y entregaron parte de ella para
las multinacionales que mandan aquí. ¿De dónde vienen esas firmas todas? Son
todas multinacionales. Tienen su parte brasilera, sin duda. Es preciso tener
nombre brasilero, mas el capital...
- Mas ese discurso xenófobo
acostumbra funcionar, ¿no? El transforma un otro hipotético en enemigo mayor y
desenfoca lo que realmente está en juego... La gente ve eso en toda parte,
inclusive con nuestros vecinos...
Don Erwin - Si, es un nacionalismo bestial, ya lo
conocemos en la Historia. ¿Y en que para? El nacionalismo es ruin, siempre trae
al pueblo la aversión contra lo que viene de afuera. Deteriora todo el
relacionamiento, porque el recado es: "¡Nosotros somos los tales, los
otros no son nada!". Inclusive reclaman de eso, a veces, cuando estamos
afuera en otros países latino-americanos. Recuerdo un encuentro en el que
participé y todos tenían que presentarse. Entonces yo dije: "Soy el
obispo de la circunscripción eclesiástica más grande de Brasil". Xingu
es la mayor prelatura de Brasil y yo pensé que era importante decir, para que lo
entendieran de dónde yo venía. Me miraron con cierto desdén y dijeron: "En
Brasil, todo es lo más grande". Los países latino-americanos tienen una
aversión muy fuerte al imperialismo brasilero.
- Es como si Brasil
fuese “los Estados Unidos de América del Sur”, ¿no? Escucho esa expresión por
donde ando...
Don Erwin – Yo me callé y no dije más nada. Entonces,
nosotros dentro de Brasil creamos ese tipo de xenofobia, necesitamos darnos
cuenta de que eso es del tiempo del tigre, pertenece a una época histórica
ultrapasada. Tenemos que cambiar nuestra cabeza para estar a la altura de
este nuevo momento histórico. En un mundo llamado globalizado no podemos vivir
de ese modo. ¿Por qué no nos hermanamos realmente? Aquí en Brasil nosotros
gritamos nuestra aversión contra el extranjero y, cuando el brasilero va allá
afuera, siente lo mismo en la piel.
- ¿El señor vivió en Amazonia
el proyecto de la dictadura militar, la mentalidad del “Brasil Grande”. El
señor encuentra semejanzas entre el proyecto de desarrollo para la Amazonía de
la dictadura y el proyecto de los gobiernos democráticos de Lula y de Dilma?
Don Erwin – Sí. Para mí, la única diferencia es esta:
hoy, tenemos una dictadura civil... electa.
