domingo, 19 de mayo de 2013

BRASIL: Lula y Dilma pasarán para la historia como predadores de la Amazonía, afirma Don Erwin Kräutler



La periodista Eliane Brum realizó una entrevista con el legendario obispo de Xingu, actualmente amenazado de muerte y bajo escolta policial desde hace seis años, en la cual él hace afirmaciones categóricas y revelaciones sorprendentes desde la autoridad que le confieren los 47 años luchando por la defensa de los pueblos indígenas de Xingu. Entre otras cosas, Don Erwin sustenta que o PT "traicionó los pueblos de la Amazonía y  la causa ambiental". La entrevista fue hecha el año  pasado, mas debido a su importancia histórica la reproducimos integralmente.

ENTREVISTA CON DON ERWIN KRÄUTLER

En este lunes, 4 de junio, un hombre grande, de sonrisa calurosa y cabellos blancos, se embarcó en un avión para Brasil. Para el Brasil apenas, no. Para la Amazonía.

Después de 40 días en Austria, la tierra donde nació, él siente falta de la geografía que escogió para ser suya desde el momento en que, aún joven y tropezando en portugués, descubrió maravillado que el Reno es “un riachuelo, se comparado al Xingu”.

Don Erwin suspira al extrañar el río, las gentes, los olores y hasta el clima de la ciudad paraense de Altamira, con temperaturas y humores tan intratables que solo agradan a los más fuertes.

Este hombre, que circulaba libremente por calles inmaculadas en la primavera austríaca, donde fue a buscar recursos para proyectos sociales en la  Amazonía, vuelve  ahora para su rutina de prisionero.

Hace seis años, Don Erwin Kräutler, obispo de Xingu, no da un paso en Brasil sin estar bajo la escolta de cuatro policías que se alternan para proteger su vida. 

Cerca de completar 73 años, Don Erwin, que acogió y depués enterró la misionera asesinada Dorothy Stang, vive en la mira de pistoleros. Hombres contratados por gente grande para callar una voz que hace casi medio siglo eleva el tono en la defensa de los más pobres y frágiles, de los indígenas, de los ribereños y de los extractivistas de la Amazonía.

Don Erwin tiene escrito, con rara coherencia, un capítulo crucial de una historia poco contada en Brasil: el papel de la Iglesia Católica, especialmente la de los religiosos ligados a la Teología de la Liberación y a las comunidades eclesiales de base, en la protección de los pueblos de la selva y de la propia Amazonía  a partir de la segunda mitad del siglo XX.  

La mayoría de las etnias indígenas y de las comunidades amazónicas que conquistaron derechos y tierras en las últimas décadas debe parte de su organización a los sectores más progresistas de la Iglesia Católica. Así como parte de los líderes políticos que hoy influencian los rumbos del país surgió en la acción de base de la Iglesia. Eso va más allá de la religión, es Historia.

Es una historia cuyo sentido, en las líneas más conservadoras de la propia Iglesia, se prefiere  silenciar. En este capítulo, Dom Erwin, capaz de hablar también el griego clásico así como la lengua de los Kayapó, es uno de los protagonistas más fascinantes.  

Es resistente. A cada año, a pesar de la edad avanzada y de los dolores en  la columna, él visita 15 parroquias del Xingu. Al visitarlas, peregrina por las comunidades más olvidadas. Duerme en barco, en hamaca. Se acostumbro tanto a la dieta local, que goza comiendo pescado al almuerzo y nunca cena.

Es adorado por el pueblo más pobre  y odiado sin  reservas por parte de la élite paraense, que lo ataca, como también por la prensa de Belém do Pará.

Desde la decisión de Lula, y ahora de Dilma Rousseff, de arrancar Belo Monte del papel, el casi legendario obispo de Xingu ha hecho una oposición incansable contra la hidroeléctrica que provoca controversia dentro y fuera del Brasil.
Por causa de ella, se tornó una presencia incómoda para sectores del gobierno y del PT que un día apoyó, inclusive con su voto.

Incómoda, especialmente, porque es difícil destruir la reputación de un obispo que mantiene la  coherencia desde la dictadura militar en una de las regiones más conflictivas del país, que ayudó a escribir los artículos de la Constitución de 1988 que garantizan los derechos indígenas y no se retractó ni aún frente a la amenaza de perder su propia vida.  

En esta entrevista, Dom Erwin dice lo que piensa contra antiguos aliados, como también su imparcial denuncia contra falsificadores y estupradores en el  pasado reciente. Acusa al PT de “traidor” – e dice que algunos petistas son “fanáticos religiosos”.

Afirma que Lula y Dilma implantaron una “dictadura civil” al “irrespetar los derechos de los indígenas asegurados en la Constitución”.  Afirma que Lula pasará a la Historia como “el presidente que destruyó la Amazonia y dio el golpe en los pueblos indígenas”. 

En la víspera de Rio + 20, el planteamiento de Dom Erwin Kräutler abre una ventana para la comprensión de la historia contemporánea. La entrevista a seguir fue hecha la casa del obispo, en Altamira, con los policías militares que lo protegen desde afuera de la puerta, más atentos.

Los cuatro policías demuestran una preocupación que trasciende el deber: adoran a  Don Erwin, que conoce sus mujeres e hijos y escucha sus aflicciones de cada día.

En tres horas de conversa, Don Erwin no evitó ninguna pregunta. Vale la pena abrir un espacio para escuchar con atención un hombre capaz de apuntar las contradicciones y ampliar la complejidad del momento estratégico vivido por Brasil, en el cual las experiencias tomadas hoy determinarán lo que seremos mañana.

- ¿Què hace el señor cuando está en Austria y cuál es la sensación de vivir sin escolta, sin policías al rededor? 

Dom Erwin Kräutler – Es necesario que yo pase, todos los años, por lo menos un mes en Austria, con la finalidad de conseguir recursos para mantener y sustentar las obras sociales y  pastorales de Xingu. Tengo, fuera de eso, muchas invitaciones de universidades y organizaciones que defienden los Derechos Humanos y el Medio Ambiente. Cuando es posible, yo me hospedo en mi casa materna/paterna y vivo, fuera de los compromisos, una vida de "eremita". Eso me hace un bien enorme. Ando libremente por los bosques de la tierra donde nací. Admiro la naturaleza, las flores, los campos, los árboles que en  primavera se revisten con su follaje de tonos tan diversos. Me levanto antes de las 5 horas para poder “oir el silencio" matutino y ver los primeros rayos del sol. Es maravilloso. Es una sensación de libertad total que hace bien al alma y al corazón.  


- ¿Cómo un austríaco escucha por primera vez la palabra Xingu y acaba viajando para el Brasil y haciendo de Xingu  su casa?

Dom Erwin - Oí la palabra Xingu por primera vez a los 4 o 5 años, durante la Segunda Guerra Mundial. Mi madre siempre hablaba de su hermano, Don Eurico Kräutler, en la época padre Eurico, que estaba en Brasil desde 1934. Una vez él mandó, junto con una carta, algunas fotos. Yo recuerdo perfectamente las casas de paja – él en  frente, en aquel tiempo de sotana, con un niño, un indiecito, mostrando la cámara con el dedo. Como la gente dice: ¡mire el pajarito!, fue la primera foto de Xingu que vi en mi vida.


- ¿Qué sintió el señor?

Dom Erwin - (riendo) Sentí una profunda simpatía por aquel niño, que era diferente, que estaba pintado. Desde entonces, siempre preguntábamos a mi madre sobre los indígenas. Mi tío mandaba las cartas, que eran leídas en casa por mi madre, después pasaban para mi tía, y entonces para mi madrina, iban pasando por todos los parientes. Teníamos la foto de un indígena en la pared. Yo recuerdo hasta su nombre: “Patoit”. Significa “brazo fuerte”. Teníamos la foto de él allá en casa (en Austria), con la mujer y el hijo. 


- ¿Esa foto aún existe? 

Dom Erwin – Sin duda. En mi cuarto, en casa de mis padres, ella fue substituida por una foto más reciente, de una india Araweté con su nené. Para nosotros, los Kayapó eran personas distantes, diferentes, mas parecían parientes. Porque cuando la gente hablaba del tío Eurico, hablaba también de los indígenas de Xingu. Mi tío solo pudo volver a Austria después de la guerra, en 1948. Yo tenía 9 años y era acólito, entonces recuerdo muy  bien cuando él llegó. Mi tío hacía exposiciones con filminas. El mostró mucho el  sol naciendo..., Mas mi tío tenía su idea al respecto de los indios, con la cual yo no compartiría hoy. Yo tengo otra visión.  


- ¿Cuál era la idea de él?

Dom Erwin – La idea de él, y es preciso entender que él era hijo de su tiempo, era la de "civilizar”, “apaciguar", palabras que  me pasan por los labios. No es por ahí. 


- ¿Es por donde?

Dom Erwin – Son pueblos diferentes. Y nosotros los respetamos en su alteridad. Y no solo los respetamos, precisamos dar un paso más. Nosotros los amamos. Yo hice esa experiencia. Recuerdo cuando fui aquí a una aldea, de los Kayapó, y  no hablaba una palabra en kayapó. Nada. Yo dije: “Nunca más piso en esa aldea sin saber kayapó”. Y aprendí. No voy a decir que hablo tanto como  hablo el portugués, mas aprendí. Y la segunda vez que fui allá, usted no imagina. ¡Mi Dios! La sonrisa más amplia y más amiga, más íntima, yo diría: "Ahora él es nuestro, el habla nuestra lengua". Ellos saben que nosotros nos esforzamos y, a través de la comunicación por palabras, comprendemos el mundo de ellos.


¿Cuando el señor estaba en Koblach, su ciudad natal en Austria, que cambio interno hizo que atravesase el oceáno y viviera aquí por casi medio siglo ya?,  O ¿Qué lo llevó a hacer un viaje tan largo y un cambio tan radical?

Dom Erwin – Yo era un joven como cualquier otro. Estudié, hice facultad de Filosofía, tocaba guitarra, hacía teatro. Tenía una juventud muy bonita, con muchos  amigos y amigas. Después vinieron personas de otras provincias que no hablaban nuestra lengua, nuestro dialecto. Y eran colocados al margen. Eso me dolía. Mas por qué? Simplemente porque son diferentes, porque hablan otra lengua son excluidos?  Comenzamos entonces, en la juventud, a crear nuestros  movimientos y a buscar esa gente que quedaba al margen. Conseguimos integrarlos. Fue en ese momento, al  confrontarme con la exclusión por la diferencia, que surgió la idea de ser padre. Estudié Teología, me ordené. Era de la misma congregación de mi tío, de los Misioneros de Sangre de Cristo. En aquel tiempo, mis superiores querían que yo continuase  los estudios de filología antigua: griego y latín. Yo gusto de eso hasta hoy. Leo la Bíblia en griego, el Nuevo Testamento.... Mas, de repente cayó la ficha: “Yo voy  para el Xingu”. Quiere decir, la gente no decía: “Yo voy  para el Brasil”. La gente decía: “Eu voy para el Xingu”.  


- ¿Por qué "Yo voy para el Xingu"?

Dom Erwin – Creo que ahí tengo también toda la historia de niño, que nunca olvidé. El Xingu era exactamente donde están los Kayapó. Y no solo los Kayapó, más también los caucheros, pescadores y una pequeña ciudad  que era Altamira. Altamira en 1950 tenía 1.800 habitantes. Yo  entonces soñé con eso. Y dije para los superiores que quería ir para o Xingu: era 12 de enero de 1965. Me ordené padre en julio de 1965. Me despedí de casa el día 2 de noviembre, aniversario de mi padre. Fui para Hamburgo, al norte de Alemania, y vine con un carguero. Eran solo dos pasajeros, fuera de la tripulación. Yo nunca había visto el mar, ese tipo de cosa. Era un joven, 26 años. Y atravesé el Atlántico. 


- ¿Cuántos días, en aquella época?

Dom Erwin - Salimos el día 4, en la noche, y después atracamos en Tenerife, en las Islas Canarias, el día 11 de noviembre. Pasamos allá un día, zarpamos de nuevo y llegamos el día 18. Eran  las 4 de la tarde cuando pisé por primera vez en tierra brasilera, en San Luís de Maranhão, donde permanecí cuatro días, antes de seguir viaje, aún en navío, para Belén. Allá en San Luís dormí en el convento de los franciscanos y comencé a aprender portugués.


- ¿No sabía nada?

Dom Erwin - Nada. 


- ¿Qué trajo con usted? 

Dom Erwin - Yo no traía recuerdos de mi tierra, no llegué con nada. Una u otra foto  de la familia. Lo que traía eran cosas que quería dar para los niños de aquí. Porque el personal de allá me cargó de mil y una cosa  para traer. Veo tanto niño aquí en esta casa: “¿Quién es el padre que trajo muñecas?”. Quedé feliz de la vida. Muñecas para acá y para allá. Después surgió un problema, porque alguien dijo: “Mas el señor dio muñecas hasta para los creyentes, y nosotros aun  no ganamos nada”. Y yo respondí: “Voy a  preguntar si era creyente o católico? Para mí se trataba de unas muñecas - y muñecas bonitas!”. De cosas personales yo solo llegué con cuadernos del tiempo de la universidad, tanto de la facultad de Filosofía como de la de Teología. Los tengo hasta hoy! Fuera de eso, un crucifijo que gané y un cobertor. Hasta hoy tengo ese  cobertor. Está en mi cama.


- ¿Cuál fue la diferencia que el señor sintió entre el Xingu mítico, de su imaginario, y el Xingu real de aquella primera mirada? 

Dom Erwin - El Xingu me impresionó de una manera tal, que yo nunca había sentido. Porque allá en Austria tenemos el rio Reno, mas es un riachuelo, en comparación con esto aquí. Entonces, la primera vez que lo ví, el 21 de diciembre de 1965, a bordo de un avión DC3 de la Cruzeiro, viniendo de Belén, Nuestra Señora, que maravilla! Yo quedé encantado con esa tierra, y hasta hoy lo estoy. Esa  es una de las razones  de tener reservas muy grandes en cuanto a la destrucción que está pasando sobre el Xingu y sobre todos nosotros. Yo quedé tan impresionado que faltaron palabras. Creo que perdí el suspiro. No era un llorar... Era una alegría. Una mezcla de alegría y de maravilla por alguna cosa. Usted queda mirando y mirando…Usted no necesita hablar, usted asimila, por así decir, esa maravilla toda. Y así queda encantado. Se utiliza en  portugués la palabra “encantado”. El Xingu encanta. 


- Por qué?

Dom Erwin - El Xingu es diferente de todos los otros ríos del mundo, al menos de aquellos que yo conozco. Tal vez algo mítico, también, por causa de los pueblos indígenas que hace millares de años viven aquí. Entonces, yo veo como los indígenas ven. Los Kayapó no llaman de Xingu, llamam de Bytire. "Tire" significa grande, majestuoso. El "by", según la explicación de un viejo kayapó, quiere decir algo muy misterioso, inexplicable. Es, por eso, sagrado, intocable, inviolable. Yo dije: “Aquí yo voy a vivir”. Yo nunca pensé  volver, sabía? Nunca.


- ¿El señor siente que esta es su tierra?

Dom Erwin – Yo no voy a negar las raíces, claro... El mundo de ahora es diferente, y yo me siento un pez fuera del agua. Paso  un mes en Austria, mas después vuelvo para acá. Mi vida es vivir aquí. 


- En Brasil entero, y especialmente en el Norte, existe el uso político de un sentimiento que puede ser resumido por la siguiente frase: “Los gringos están invadiendo la Amazonía”. ¿El señor es tratado como un gringo?

Dom Erwin – No. Nunca fui. También el  personal raramente me pregunta donde  nací. Me naturalicé  brasilero. Tengo pasaporte brasilero, cédula de identidad, título de elector, todo. 


- ¿El señor es brasilero?

Don Erwin - Soy. 


- Un brasilero que nació en Austria... Yo ya vi al señor diciendo eso.

Don Erwin - Siempre digo eso: un brasilero nacido en Austria. No fui mandado para acá. Fue una decisión mía. Yo me identifiqué con el Xingu, con el  Brasil. Claro que no nací aquí, mis padres y mis antepasados son de otro país. Mis ancestros ya vivían allá en 1400 y poco. Se trata de una familia muy tradicional. Pero, cada  uno hace su escuela. Cuando llegué aquí, yo sabía que me iba a quedar. Yo podía regresarme al  día siguiente, si no me hubiera agradado. Hay mucho trabajo en cualquier parte del mundo. Mas ni por un segundo eso me pasó por la cabeza. 

- El señor es una de las voces más críticas contra Belo Monte. ¿Por qué el señor no quiere una hidroeléctrica en Xingu?

Don Erwin - Altamira sufrió el primer "choque" con la construcción de la Transamazónica. Yo recuerdo cuando llegó aquí el presidente Médici (Emílio Garrastazu Médici, general que fue presidente de Brasil en el período más violento de la dictadura militar, de 1969 a 1974). Él dio inicio a las obras, en un  lugar llamado "Palo de Presidente". ¿Usted fue allá para ver (el “Pau do Presidente”)?


- Aún no...

Don Erwin - No se pierde de nada. Solo quedó aquel tronco de castaña, la placa la robaron... Eliane, usted naturalmente sabe que aquí se usa esa expresión "palo del presidente" con cierta malicia!


- Puedo imaginar... ¿El señor presenció la derrumbada del árbol de la castaña?

Don Erwin - Si. Todo el personal delirando en el palco... delirando mismo! Batiendo palmas! , Derrumbando un árbol de aquellos! Y diciendo que era el progreso que estaba llegando. Me cortó el corazón... ¿Cómo es que puede?  Aplaudir que la reina de los árboles de Pará o de la Amazonía es tumbada, y con un estruendo tremendo. ¿Cómo es posible? Está escrito en la placa que robaron: "El presidente de la República da inicio a la conquista de este gigantesco mundo verde". Y había una placa en una de las tres columnas, bien hechas, que decía: “Después de 20 meses el presidente volverá para inaugurar, dando un paso más  para integrar...”. Era esa la época: "Integrar para no entregar" y "Brasil, lo ama o lo deja"... Cosas de ese tipo. Yo vi.


- ¿Dónde asistió el señor a todo eso?

Don Erwin – En medio del pueblo que fue allá a ver al presidente, habían dos obispos, vestidos con trajes episcopales, que pensaban que serían llamados a subir al palco: El obispo de aquí, que era mi tío, y el obispo de Marabá. No los llamaron allá para arriba porque el de Marabá no era amigo de los militares. Él había denunciado un montón de cosas. En aquel tiempo, era la guerrilla de  Araguaia, entonces no llamaron a los obispos para subir al palco... Yo pensé: “Bien hecho!” Más yo no tenía el coraje de dar mi opinión, porque era un joven  recién llegado. Mas los obispos también creían que el progreso estaba llegando... Altamira era una ciudad olvidada, en medio de la selva.


- Es  muy simbólico derrumbar una castaña, un árbol gigante, como símbolo de la llegada del progreso y del desarrollo, ¿no?

Don Erwin – Después se hablaba en “beneficio”. Tienen que “beneficiar” la tierra, encaminar, por ejemplo, un crédito bancario. Entonces tenían que derrumbar. 


- ¿Qué era Altamira antes de la Transamazónica?

Don Erwin - Era una pequeña ciudad olvidada. De día faltaba agua, de noche faltaba luz. Tenía un motor de la alcaldía que había funcionado por última vez en los 15 años de la hija del alcalde. En los años 60 querían abrir una trocha para unir a Santarém con el mundo, y mataron no sé cuantos indígenas. Después vino la Transamazónica. Un compadre mío, que trabajaba como telegrafista en aquel tiempo, dice: “Oiga, compadre ahora  viene el progreso. Tenía un telegrama de un tal de Incra diciendo que van a construir una carretera. Están diciendo que va a llover dinero.


- Un discurso muy parecido con el de ahora, ¿no? Va a “llover dinero”, el progreso va a llegar...

Don Erwin - Esa es la idea: el “progreso” va a conquistar (aventureramente) toda esa región. Entonces, de hecho, comenzó en el  kilometro 5, con la derrumbada de aquel árbol, donde todo era selva. Y hoy usted ve todo desértico. El trazado de la Transamazónica ya fue hecho así, pensando en futuras hidroeléctricas, como Belo Monte. En los años 70 ya hicieron toda la investigación. En 1950, Altamira tenía 1.200 habitantes. En 1960, 2.800. Y después, creo que de 1965 en adelante, unos 4 mil, 5 mil. Mas después llegó el boom... el personal vino del Nordeste, primero, después del  Sur. Así Altamira ganó otras caras. Y con la Transamazónica, en 1975, se hablaba de una posible hidroeléctrica, mas era una cosa muy distante. En los años 80, entonces, la cosa ya tomó forma, hasta que, en febrero de 1989, vinieron los indígenas...


- El  señor estaba presente en el I Encuentro de los Pueblos Indígenas de Xingu, en 1989? (En esa ocasión, Tuíra, índia kayapó, mostró la lámina de su puñal en el rostro de Antonio Carlos Muniz Lopes, de la Electronorte, para expresar su indignación contra el proyecto de Belo Monte, en aquella época llamado de Kararan. La foto de la escena la vio todo el mundo).

Don Erwin - No. Yo estaba en Suíza... Los indígenas vinieron a hablar con migo. Querían marcar el I Encuentro de los pueblos Indígenas de Xingu. Entonces yo me encontraba en aquel tiempo, no voy a decir con el primer escalón, mas con el segundo escalón del Banco Mundial, en Berna. Y me avisaron: el Banco Mundial solo va a proveer el crédito (para la obra) si la cláusula indígena y  la cláusula ambiental fueran observadas y cumplidas. Eso, para mí, fue la señal de tranquilidad. Pensé: ese peligro ya pasó. En cuanto yo estaba allá, ocurrió el episodio con la Tuíra, aquí. Yo conozco muy bien ese Antonio Carlos Muniz...


- ¿Cómo lo conoció? 

Don Erwin - El me convidó cuando estuve en Brasilia, en los años 90, para su gabinete, y me mostro todas las cosas. El quería cautivarme, conquistarme para el proyecto. Fui muy bien tratado, sabia? Mas cuando la gente es tratada tan bien, con besito, etc, es preciso quedar dudando. Cuando es así, tiene buena línea. No es porque te quieren bien, mas ellos quieren  prepararte, quieren aprovechar que estás solito y convencerte.


- ¿Brasilia lo asusta, en ese sentido?

Don Erwin – Sí, me asusta. ¡Mi Dios! Estuve dos veces con  Lula, tanto con él como con otras personas. Yo tenía buenos contactos, gente buena en Brasilia que estaba de nuestro lado. Ahora, últimamente, estamos en un cierto aislamiento, porque aquel pueblo que antes luchaba conozco, que estaba de nuestro lado, que defendía la misma cosa, que luchó por la misma causa, ahora defiende lo contrario.


- Cuando  Lula fue electo, el movimiento social de la Amazonía tenía  certeza de que Belo Monte estaba definitivamente sepultada. ¿Cómo fueron sus encuentros con Lula?

Don Erwin - La primera vez fue el 19 de marzo de 2009. Fui con un abogado del Cimi (Consejo Indigenista Misionero), amigo mío de vieja data, y con un asesor político del  CimiI, que ahora fue conquistado para ser miembro del gabinete del presidente. Quedé con  Lula unos 20 minutos, tal vez media hora. Le presenté nuestras angustias y preocupaciones, y él fue el primero en insistir en que hubiese un diálogo constructivo, que evaluáramos los pros y los contra. Yo dije: “vea, yo quería que el señor oyese al pueblo”. El preguntó: “Que pueblo?” Yo dije: “El pueblo de Xingu, los representantes del pueblo de Xingu”. El dijo (Don Erwin imita la voz y el gesto de Lula): "Manda llamar!". Acertamos entonces una segunda visita. Recuerdo que, al final de ese primer encuentro, yo dije: “Saludos a su esposa. Lula quedó hasta asustado, porque no estaba acostumbrado a recibir saludos para su esposa. Cuando alguien se encuentra con el presidente, no recuerda que él es casado. Sentí a Lula como alguien muy amigo, simpático.


-¿Fue la primera vez que el señor lo vio?

Don Erwin - No, ya lo había visto en campaña.


- ¿Cómo el señor percibió a Lula?

Don Erwin - Él era aquel tractor, hablaba para acá y para allá. La gente veía que él estaba en campaña y que éramos otra pieza de esa campaña. Da la mano, saca foto... Mas, en 2009, fue un encuentro… muy amistoso. Yo aún esperaba que él se convenciera que no era por ahí. Hasta escribí: "Gracias a Dios, Lula entendió". Y marcamos otra audiencia, el 22 de julio del mismo año. Fue muy interesante. Llevamos dos indígenas, dos ribeireños, a Antonia Melo (una de las principales líderes de Xingu), dos procuradores de la República y el profesor Célio Bermann (del Instituto de Electrotécnica  y Energía de la USP). Pero, Gilberto Carvalho (jefe de gabinete del entonces presidente Lula, hoy ministro de la Secretaria General de la Presidencia de la República en el gobierno Dilma) quería que sólo yo hablase en nombre de todos. De otro lado había el sector energético del gobierno, todos figuras... Nosotros, de un lado, humildes, extraños cual pez fuera del agua e, del otro lado, esa gente que mandaba y hasta hoy está mandando... Mas teníamos seguro aquello que queríamos. Y, cuando  Lula llegó, él se sentó a mi lado. Yo dije: “Presidente, el señor va a tener que oír a ese pueblo. Ese pueblo vino de muy lejos y quiere hablar con usted. No puede atender solo dos en representación de los otros, van a salir con una frustración muy grande!” Lula entonces dijo (y  Don Erwin imita el vocerón del entonces presidente): “Deja, conmigo vamos a hacer!”. Entonces, de hecho, él dio la palabra a todos.


- ¿Qué dijeron ellos?

Don Erwin – El pueblo habló de su angustia, de que no podían dejar su tierra. Después, los procuradores de la  República hablaron de las inconstitucionalidades del proyecto de Belo Monte, de que los indígenas no habían sido escuchados. Célio Bermann colocó entonces  los puntos técnicos y financieros que tornaban el proyecto inviable. Y ahí es que yo vi a Lula asustado. El miró  para su gente, diciendo: “Ustedes van a tener que dar una respuesta inmediata al profesor”. Mas esta respuesta hasta hoy no ha sido dada.


- ¿El señor cree que Lula estaba siendo sincero, o era teatro político?

Don Erwin – Era teatro, juego político... Depués el me tomó el brazo y dijo (imitando la voz): "Don Erwin, nosotros no vamos a apoyar ese proyecto  aunque caiga quien quiera que sea. Cuente con migo. El diálogo tiene  que continuar. Segundo: Brasil tiene una  grande deuda con los afectados por las hidroeléctricas, y esa deuda, hasta hoy no ha sido sanada. Hay mucha gente deambulando por ahí que no recibió la indemnización, y la vida prácticamente les fue arruinada. Tercero: Nosotros no vamos a repetir (lo de la hidroeléctrica) Balbina. Balbina es un monumento a la deshonra. Y cuarto: el proyecto sólo va a realizarse si trae ventajas para todos".


- ¿Lula dijo eso?

Don Erwin - Dijo! Textualmente, sentado a mi lado, me tomó el brazo (muestra el brazo izquierdo). Yo pensé, bien... el presidente no iría a hablar eso si no fuese verdad. Mas, las mujeres tienen más sensibilidad, tienen más intuición. La comadre Antonia Melo no quiso ni estar en la foto. Todos los otros sacaron foto con Lula. Yo quedé hasta extrañado, mas ella sintió, en aquel tiempo, que era apenas un show. Gracioso: las mujeres en este punto tienen una intuición que los hombres no tienen. Yo pensé: “No,  Lula no va a mentir en mi cara!”. Y aún asegurando mi brazo... (Imita nuevamente la voz de Lula): “Don Erwiiiin....”.


- El  señor imita bien la voz de Lula... ¿O señor salió satisfecho?

Don Erwin – No voy a decir satisfecho, mas muy esperanzado, porque al final él además dijo: "El diálogo va a continuar, nos vamos a encontrar de nuevo". Y ahí, de repente, yo me di cuenta de que no hubo ningún diálogo. Porque él habló, mas no preguntó cuales eran nuestras ideas, no preguntó lo que nosotros pensábamos, ni como creíamos posible resolver ciertos impases.


- ¿Cómo fue el clima de esa reunión?

Don Erwin – La primera parte de la audiencia con Lula, fue sin él. Solo con el sector energético, Funai y otras instancias del gobierno. Ese personal del gobierno, de los  procuradores de la República, diciendo que ellos no entendían nada, que no era de su ramo, que se estaban metiendo en asuntos que no les correspondían. Y hasta fueron alterando la voz, ¿vio? Quedé hasta asustado pensando que la educación había pasado muy lejos de aquellos señores. Me acordé de que quien grita revela que no tiene argumentos para convencer al interlocutor. En el fondo, esa gente tenía que admitir que la razón y el buen senso estaban de nuestro lado. Así, optaron por actitudes autoritarias e de prepotencia, queriendo intimidarnos, diciendo que no entendíamos nada del asunto. De nuestro lado, ninguno perdió en ningún momento la compostura. No respondimos a los gritos. Los berridos salieron de la garganta de ellos. En este exacto momento,  Lula entró "en escena", preguntando: “¿Ustedes están vivos?”. Porque era un berrido, no era diálogo. La entrada de Lula en la sala parecía una ducha de agua fría encima de su gente. De repente, ellos se recompusieron. ¡Me pareció  ridículo! Parecían niños brincando en la sala de clase que, cuando el profesor entra de repente, quedan con miedo de algún castigo o de baja nota y entonces se calman. Ahí  Lula me saludó efusivamente, como si fuésemos amigos de vieja data, "compañeros" de lucha desde la primera hora. Y, no niego, me sentí bien conforme por habernos recibido, elogiando ese gesto abierto de busca de "diálogo". Pués en aquel momento creí realmente en el diálogo.


- ¿Y no fue?

Don Erwin - Sólo caí en cuenta  cuando, en octubre del mismo año, pasé una semana en Brasilia esperando la continuación de ese diálogo. La audiencia fue postergada de la mañana para la tarde, de un día para otro, hasta que finalmente, recibí una llamada  el viernes en la noche en que Gilberto Carvalho me pedía disculpas, diciendo que no era posible ser recibido por el presidente, pues él había tenido que viajar a Venezuela. Ese viaje ciertamente  estaba programada en el inicio de aquella semana y servía de pretexto para evitar el compungimiento de ser obligado a decirme que el presidente y su staff no estaban mas interesados en la continuación del "diálogo". El 23 de septiembre de 2009 yo  escribí  una carta a Lula, tratándolo aún de "mi presidente". Nunca recibí respuesta.


- ¿Usted había creído en la promesa de  diálogo hecha por lula?

Don Erwin –Yo creí. Habíamos dado un paso importante, porque habíamos llegado hasta allá. Y ahora, aquel sector de gobierno, que antes nos había gritado, tenía que darnos respuesta por orden del presidente. Pero nunca hubo diálogo. En aquel encuentro nosotros  mostramos lo que iba a  acontecer, lo absurdo de esa obra en todos los sentidos, inclusive en su viabilidad financiera. Y nadie nunca nos respondió para probar que estábamos errados.  Célio Bermann habló, y yo entregué para  Lula un resumen de la posición de Oswaldo Sevá Filho (profesor e investigador de Ingeniería Mecánica de la Unicamp), que no podía  acompañarnos porque estaba enfermo, así como la posición de otros grandes profesionales e investigadores de esa área en Brasil. Y todos mostraban la inviabilidad de Belo Monte, así como la destrucción que ella iba a provocar. ¿Por qué ese pueblo no recibió una respuesta?


-¿Por qué?

Don Erwin - Porque no hay respuesta. Los argumentos son imbatibles. Tienen que desmontar la opinión de las mayores cabezas de esa área en Brasil, tienen que tener argumentos fundamentados en la realidad, mas el gobierno no los tiene. Y, si no tiene, necesita  asumir: "Nosotros tenemos que hacer eso. Es una decisión política, y no técnica". Si la decisión fuese técnica, Belo Monte jamás sería hecha. Por eso, el diálogo fue abortado desde el inicio. Aquello que Lula hizo era sólo un show para agradar al obispo.


- En el caso de Belo Monte, el gobierno defiende que los indígenas no serían afectados. Mas muchos ambientalistas e investigadores refutan esa afirmación, mostrando que no es posible represar un rio sin que eso afecte las comunidades que viven en torno a el. ¿Cómo el señor ve esa cuestión?

Don Erwin – Si el proyecto de Belo Monte se concretiza, los pueblos que viven alrededor de Xingu serán afectados. El gobierno niega,  porque, para el gobierno, afectar un pueblo indígena es solo cuando se inunda, se inundó la aldea. La inundación, de hecho, no va acontecer, pero el contrario acontece: se corta el agua. Si usted observar el mapa, va a percibir que, en los 100 kilómetros alrededor de Xingu, va a llegar un mínimo de agua. Tengo absoluta certeza de que no habrá mas condición de pescar y de abastecer esos pueblos. Después, será perjudicada la agricultura. Y, por fin, ellos no tendrán como transportarse, quedarán sometidos. Un pueblo sometido a una vida en esas condiciones no sobrevive, o lo hace por un tiempo, pero después acaba. Se van a reventar. Tal vez se vuelvan indígenas citadinos. Perderán la cultura, perderán la lengua. Estarán aquí, en algún suburbio de Altamira. No diré que dejarán de ser indios, más ya no serán  indígenas viviendo en su propio contexto, con sus organizaciones y con su lengua.


- Es una cultura que muere, una forma de estar en un mundo que muere, ¿es eso?
 Don Erwin – Tenemos que hacer una distinción: existe la muerte física y existe la muerte cultural. Y aquí en Xingu, por causa de Belo monte, podrán acontecer las dos cosas. La muerte cultural, porque arrancarán de ellos la posibilidad de sobrevivir en determinado espacio que, para ellos, es muy significativo, porque es suelo de sus mitos, de sus ritos, es donde entierran sus antepasados. Si usted arranca eso de los indígenas, está cortándoles el cordón umbilical con la tierra. Necesitamos  comprender que ellos tienen  otra relación con la tierra, diferente de la nuestra. Para nosotros, la tierra es cosa que se compra y se vende. Para ellos, no. Además de la muerte cultural, es probable que también acontezca la muerte física, porque ellos no están preparados para vivir en la ciudad. Los Arara, por ejemplo, fueron diezmados por enfermedades después de ser contactados. Esa historia nunca fue bien contada.

- El señor afirma que Belo Monte es solo la primera de muchas represas, una forma de vencer la resistencia para imponer un proyecto que es mucho mayor y que va a destruir a Xingu por completo. ¿Cómo el señor tiene tanta certeza de eso?

Don Erwin - Todos los argumentos científicos serios muestran que esa hidroeléctrica no funcionará durante todo el año. Lo verán, en Xingu baja  mucho el nivel y no existirá volumen de agua suficiente  para hacer funcionar las turbinas. Por lo tanto, van a invertir millones y millones de reales en una hidroeléctrica que durante meses no funciona. Eso es un absurdo! Y el gobierno sabe perfectamente que es un absurdo. Entonces, es lógico que Belo Monte será solo la primera represa. Es preciso hacer todo para que la población acepte esa primera represa, después de décadas de resistencia. Para entonces, vendrán las otras. Porque solo con las otras Belo Monte será un buen negocio. La segunda, la tercera y la cuarta: van a dañar el rio hasta allá en la cima, en San Félix de Xingu. Y ahí, todas esas áreas que están en la margen izquierda y derecha de Xingu, que son áreas indígenas ya homologadas, van a  sufrir. Y ahí, los Assurini, los Araweté, los Paracanã, los Arara, y los Kayapó van a  ser afectados. Es por eso que los Kayapó allá de la cima, hasta los mismos del  Parque Nacional de Xingu, están en contra, aún estando a mil kilómetros de distancia. Ellos ya conocen esas historias. Después  de construir la primera represa, la tempestad pasa, la resistencia disminuye, y ahí completar la obra queda más fácil. Esta es la estrategia del Gobierno. Y ahí yo afirmo: es un golpe fatal. Van a  matar los indígenas, cultural y físicamente.


- Parte de la población brasilera cree que los indígenas tienen demasiada tierra y hay, incluso, aquellos que creen que los indígenas son un obstáculo para el desarrollo. ¿Por qué parte de los brasileros piensa así?

Don Erwin - Bueno, primero necesitamos entender que, para los indígenas, la tierra no es una mercancía. Voy a contar una historia real para que las personas entiendan mejor esa relación totalmente diversa que los indígenas tienen con la tierra. Un blanco mostró un papel en el que estaba escrito: “República Federal de Brasil, Título Definitivo de Tierras, de este riachuelo hasta el otro, haciendo frente con el río Xingu y de fondos 2, 3, 5, 10 kilómetros”. Entonces, el indígena preguntó: “¿Cómo puede usted, con ese papel, decir que es dueño?, ¿Cómo?. Es un papel. ¿Usted hizo la selva?  No. ¿Y la caza que está dentro de la mata? No. ¿Usted hizo los ríos y los peces que están en el rio? No. ¿Usted hace llover? No. ¿Usted hace que el sol brille? Entonces, ¿cómo usted puede mostrar un pedazo de papel y decir que es el dueño?”.


- Son formas de ver el mundo totalmente opuestas, ¿no? Solo que una de ellas tiene el poder de imponer su visión del mundo como verdad única...

Don Erwin - Esa cultura se choca con la cultura de sociedad mayoritaria, que trata la tierra como mercancía. Y como mercancía, la tierra  será  aprovechada, porque ella solo tiene sentido se fuese exprimida. Entonces, “aprovecha” hasta arrasar la tierra. Hasta no haber extraído la última gota de sangre, esto es, hasta no haber sacado todo el mineral y todas las riquezas del suelo y del subsuelo, el hombre forjado en esa mentalidad no estará satisfecho. Es claro, por lo tanto, que las personas que ven la tierra como mercancía, en un sistema de libre mercado, van a creer que el indígena tiene demasiada tierra. Lo interesante es que esas mismas personas nunca dicen: “Tal hacendado tiene demasiada tierra”. No, eso no. Cuando un hacendado pone una placa y dice que la tierra es de él – y aquí el bazar de la tierra, como se sabe, es enorme - esas mismas personas no reclaman. Pero, cuando se hace la  demarcación de una área indígena, todo mundo grita. Y, lo más curioso, hay ciudadanos que de repente aprenden geografía: “Ellos tienen una tierra del tamaño da Bélgica! Tiene una tierra del tamaño de Portugal, una tierra del tamaño de Suíza!”.


-  ¿Qué es tierra, para os indígenas?

Don Erwin – Para los indígenas, tierra es vida. Y, para el sistema de la mayoría de los brasileros, tierra es mercancía. Tal vez se consiga, aún, hacer con que unos y otros entiendan, por lo menos, que al demarcar las áreas indígenas en la Amazonia, estamos salvando un pedazo de ella.


-¿ El señor cree que parte de la Amazonía aún está preservada por causa de esa diferencia de visiones del mundo?

Don Erwin - Si. Y las personas necesitan recordar  que la Amazonía tiene  una función reguladora del clima mundial. Quiere decir: si la Amazonía acaba, el gaúcho (Rio Grande do Sul) allá abajo, el mineiro (oriundo de Minas Gerais), el capixaba (Espítiro Santo) van a sufrir las consecuencias. Y nosotros aún no sabemos cuál es el alcance real de esas consecuencias. Si la temperatura aumentara tres o cuatro grados, solo para poner un ejemplo, ¡será terrible!. La verdad es que las consecuencias de la destrucción de la Amazonia no cesarán en las  fronteras ni del Norte, ni de Brasil. Así, los brasileros de todas las regiones deberían agradecer que haya áreas de preservación indígena, haya reservas extractivistas y hayan parques nacionales. Es sólo porque existen esas reservas que hay una parte de la Amazonía aún preservada. Pero, desafortunadamente, las personas no perciben que la destrucción de la Amazonía también afectará su vida.


- Es curioso como las personas se sienten a salvo, ¿no?

Don Erwin – Por las informaciones que recibí, están proyectadas 61 hidroeléctricas para el Brasil, la mayoría aquí en la Amazonía. La  misma  EPE (Empresa de Pesquisa-Investigación Energética) no niega que serán afectadas directamente áreas indígenas y también parques nacionales. Hablan descaradamente. Entonces,  me gustaría saber qué sobrará.


- La mayoría de los sectores de la sociedad, inclusive el gobierno, habla en “desarrollo sustentable”. Ninguno dice que no quiere el desarrollo sustentable. Más, en la práctica, el discurso que sostiene  la sociedad es el de una oposición entre desarrollo y medio ambiente.   ¿Por qué el señor cree que esa visión todavía persiste con tanta fuerza?

Don Erwin – Es un mito. ¿Qué desarrollo es ese? Quién va a  ser beneficiado con ese desarrollo? Basta ver hoy la situación en que está Altamira. Y la obra solo está comenzando. De las promesas y exigencias hechas, nada. De 40 exigencias colocadas por el propio Ibama, y otras 24 de la Funai, casi nada. No tienen infraestructura, ni habitación, ni salud, ni educación. Para mí, desarrollo es dar a la población la posibilidad de vivir con dignidad. O sea: vamos a aplicar en salud, en educación, en transporte, en vivienda, en saneamiento básico y en seguridad. Mas, aquí, desarrollo es hacer dinero, es garantizar energía para las grandes multinacionales y exportar materia prima. ¿ Va a beneficiar a quién ese desarrollo?. El personal aún no despierta. Y esos grupos, a favor de Belo Monte y de los grandes proyectos para la Amazonía, difunden  la falsa idea de que nosotros estamos contra el progeso. Mas, nosotros siempre luchamos por la salud en esa ciudad, por la educación, por el saneamiento básico. Ese desarrollo que pregonan es para unos pocos, no es para el pueblo.


- La población tiene miedo de un “apagón”...

Don Erwin – Si. Esos grupos, favorables  a los grandes proyectos en la Amazonía, quedan también operando como el fantasma del apagón. Quedan diciendo: “Vea, los gauchos que se cuiden, porque en invierno, gaúcho no tendrá más ducha  eléctrica, y después no podrán seguir viendo la novela de las ocho”. Mentira! Esa energía será exportada en forma de lingotes de alumínio. Y ella  no es nada limpia... y mucho menos barata. Nosotros tenemos excelentes universidades, científicos de primera clase, tecnología de punta. ¿Por qué no se invierte ahora para procurar fuentes alternativas de energía?  Aquí,  tenemos sol de las seis de la mañana a las  siete de la noche. En el sur de  Alemania, por ejemplo, todas las casas tienen placa solar. Y vea que ellos tienen un invierno largo. Allá en diciembre, el sol nace a las 9 am, 10 am, y a las 5  de la tarde ya está oscuro. Y nosotros aquí podemos , a las 6 de la mañana, ver nacer el sol que nos alumbra hasta las 7 de la noche. ¿Por qué no aprovechamos esa dádiva divina?  Y después existe el litoral. Brasil tiene un litoral enorme, que no tiene fin. ¿Por qué no aprovecha un pedazo, por lo menos, donde no hay turismo, para invertir más en energía eólica? Y, además, gran parte de las redes de transmisión están obsoletas, lo que ocasiona la pérdida de cantidades de energía. ¿Por qué no invertir en reparar y restaurar esas redes de transmisión?


- ¿Por qué usted cree que el gobierno quiere tanto construir Belo Monte?

Don Erwin - Esta es mi gran pregunta. Yo no tengo respuesta. Apenas voy adivinando. ¿ Por qué  Lula era contra y de repente está a favor? ¿Por qué el PT era contra Belo Monte,  y después de llegar al gobierno pasó a defender exactamente eso que combatía?  ¿Por qué los diputados que elegimos aquí hoy están a favor y no saben ni por qué? ¿Qué hay por detrás? ¿Por qué esa metamorfosis camaleónica? En la campaña era en contra, como es el caso del diputado Zé Geraldo (PT-PA), que andaba aquí abajo, en la ribera del río, dando las manos y rezando, de camisa blanca, participando de místicas. Y ahora, ¡Mi Dios!, defiende exactamente lo contrario: "Belo Monte tiene que salir, la gente no puede colocar la Amazonía debajo de una redoma". Ninguno está proponiendo una Amazonía intocable. Los que nos unimos en oposición contra Belo Monte defendemos que las riquezas da Amazonia sean aprovechadas de una manera inteligente y no de una manera burra.


- Históricamente, el movimento de resistencia a Belo Monte siempre apoyó a Lula. ¿Qué aconteció?

Don Erwin – Aquí, la resistencia contra Belo Monte se identificó con el PT, y el PT se identificó con la  resistencia contra Belo Monte. Eso hasta que Lula tomó posesión. Cuando descubrimos que Lula había cambiado de idea, caímos de la nube. ¡Mi Dios¡ ¿Cómo es que puede? Y entonces los  petistas de aquí también cambiaron  de lado. Comenzaron,  inclusive, a hostilizar las personas que aún defienden a Xingu contra ese monstruo. Hay gente que antiguamente se sentaba aquí en esta sala y que hoy no aparece más, porque sabe que el obispo permanece en su posición contra Belo Monte. Hay gente del PT que parece fanática religiosa. Fanático religioso  es terrible, ¿no es?


- ¿Por qué?

Don Erwin - Porque no tienen  discusión, no tienen diálogo. Con un  fanático usted nunca va entablar un diálogo real, él ya se cree dueño de la verdad, tiene su certeza. Entonces, el PT dice: “Las razones defendidas por el partido tienen que estar por encima de la propia consciencia de los partidarios”. Y mucha gente reza la cartilla del PT porque cree que ahí está todo resuelto. En realidad yo no puedo, por causa de mi filiación  partidaria, tener opinión propia o divergente. Aquí, quien tenía opinión propia y no quiso traicionar  su consciencia, como Antonia Melo, se desvinculó del partido.


- ¿Fue un golpe muy grande ese cambio de posición con relación a Belo Monte?

Don Erwin - Fue una traición, un golpe tremendo. Es  muy duro usted ser traicionado por personas a las que  dio las manos. Inclusive fueron a preguntar, en voz baja: (habla bajito): “¿Obispo, por quien va a votar? El señor no puede hablar en el sermón, mas  ¿Por quién va a votar el señor?”. Yo dije: “Yo voy a votar por Lula. A fin de cuentas, es el partido que nació y surgió de las bases, etc. Tenemos que luchar por otro Brasil, gente”. Tiempos después el pueblo pasó a decir: “Ahora el obispo está digiriendo...”.


- ¿Está siendo difícil digerir lo que el señor llama de “traición”?

Don Erwin – Yo nunca hablé en público sobre mi voto, mas todo mundo sabía que nosotros queríamos un Brasil diferente, un Brasil justo, fraterno, sin corrupción,  un Brasil con ética y con todos los ideales que teníamos y aún defendemos. Mas los caciques del PT desde la  primera hora se fueron. ¿Quién está ahí de los antiguos? Se apartaron. Notaron que también fueron traicionados. Yo me siento traicionado. Ahora dicen: “El  obispo estaba a favor de esa petezada”. Y ahora yo tengo que digerir los sapos..."


- ¿El señor cree que la construcción de Belo Monte marcará negativamente la biografía de Lula y de Dilma Rousseff?

Don Erwin – Si Belo Monte se concretiza, Lula será recordado como aquel que destruyó la Amazonia, y dio el golpe en los pueblos indígenas. Es la expresión mas macabra de su orgullo: hacer un monumento para si a costa de pueblos que, a través del mismo monumento, condenó a la muerte. Y, en el fondo, este monumento irá a ayudar más al Exterior  que a Brasil. Lula pasará a la historia como aquel que arrasó con el Xingu. No solo con el río, también con los pueblos de Xingu. Y yo no quiero cargar una fama como esa en mis espaldas, hasta morir, y  aún para después de mi vida en este mundo.


- ¿Qué quiere decir el señor con “monumento”?

Dom Erwin –  Lula quiere tener ese monumento en nombre de él.  Lula no tiene idea de desarrollo. Desarrollo para él es tener más dinero a disposición y  exportar, exportar, exportar, aumentar o PIB. Solo que esa obra no tendrá resonancia en mejorar la vida del pueblo. Por el contrario.


- ¿El señor cree, entonces, que  Lula no entiende la Amazonía?

Don Erwin - Nunca la entendió. Y mucho menos entiende al indígena. Él nunca se dio al lujo de profundizar en eso. Para a Amazonía, él sólo vino en campaña. Mas, él no tiene idea de la complejidad de la Amazonía y tampoco preguntó nunca... Usted no puede comparar el Río Grande del Sur con el Pará. Cuando visito el  Sur, me dicen: “Pero, ¿dónde  vive el señor?”. Yo respondo: “Altamira”. Ellos entonces dicen: “Ah, ¿es, Altamira? Nosotros también tenemos una tía en Recife”. Recife. Las personas ni saben, de hecho, donde queda el  Norte. Confunden con el Nordeste. Las culturas aborígenes de aquí, las culturas autóctonas, son diferentes. Y tienen que vivir aquí para comprender eso.  Lula nunca entendió – y nunca creyó necesario entender.
Y, al final del mandato, él entró en delirio.  


- ¿Delirio?

Don Erwin - Delirio. Poder. El se deleitaba con las cifras, con las estadísticas. Aquí mismo él habló babas. 


- ¿Babas?

Don Erwin – Dice que el personal que esta contra Belo Monte son unos "niños y unas niñas que  no comprenden”. Dice que él también, cuando era más nuevo, estaba contra Itaipu, porque decían, en aquel tiempo, que iba alagar a Argentina. El se burló  del dolor y  de las reivindicaciones legítimas de las personas de Altamira, con ideas y vivencias diferentes de las de él. Yo dije, al oír su discurso: “¡Mi Dios, y eso en la boca del presidente!”. 


- Descalificó a quien protestaba?

Don Erwin - Descalificó. En 2006, en un banquete ofrecido por el entonces gobernador de Mato Grosso, Blair Maggi, ganador del trofeo "motosierra de oro" por su contribución al desmatamento depredador del país, Lula también se había  dejado llevar por una declaración comprometedora. Identificó los indígenas, los quilombolas, los ambientalistas y hasta el Ministerio Público como "obstáculos" para el progreso. Consideró, también "insignificantes" los artículos de la legislación ambiental, pues estos parámetros legales estarían obstruyendo el desarrollo del país. Por eso, la orden es de desconsiderar o, por lo menos, no dar tanta importancia a impactos sociales y ambientales. Caso contrario el país, en la  opinión de Lula, estaría condenado al estancamiento. Puede hasta ser que el presidente posteriormente se haya arrepentido de lo que habló de improviso, pero los medios ya habían divulgado la embarrada. 


- ¿Cómo el señor ve el discurso de “La Amazonía es nuestra!”, que parece servir para todo, inclusive para destruirla?

Don Erwin - La Amazonía es nuestra... nadie dudó nunca de la soberanía de Brasil sobre la Amazonía. Quién va a dudar? ¿Quién va a creer en algo como: “Ahora vienen unos americanos a apoderarse de aquí....” No tiene ningún sentido. Eso no va a acontecer. Quien ve la configuración del mundo de hoy sabe que eso no acontecerá nunca. Ahora, el mismo Lula y los presidentes anteriores que dijeron "La Amazonía es nuestra", y entregaron parte de ella para las multinacionales que mandan aquí. ¿De dónde vienen esas firmas todas? Son todas multinacionales. Tienen su parte brasilera, sin duda. Es preciso tener nombre brasilero, mas el capital...   


- Mas ese discurso xenófobo acostumbra funcionar, ¿no? El transforma un otro hipotético en enemigo mayor y desenfoca lo que realmente está en juego... La gente ve eso en toda parte, inclusive con nuestros vecinos...

Don Erwin - Si, es un nacionalismo bestial, ya lo conocemos en la Historia. ¿Y en que para? El nacionalismo es ruin, siempre trae al pueblo la  aversión contra lo que viene de afuera. Deteriora todo el relacionamiento, porque el recado es: "¡Nosotros somos los tales, los otros no son nada!". Inclusive reclaman de eso, a veces, cuando estamos afuera en otros países latino-americanos. Recuerdo un encuentro en el que participé y todos tenían que presentarse. Entonces yo dije: "Soy el obispo de la circunscripción eclesiástica más grande de Brasil". Xingu es la mayor prelatura de Brasil y yo pensé que era importante decir, para que lo entendieran de dónde yo venía. Me miraron con cierto desdén y dijeron: "En Brasil, todo es lo más grande". Los países latino-americanos tienen una aversión muy fuerte al imperialismo brasilero.  


- Es como si  Brasil fuese “los Estados Unidos de América del Sur”, ¿no? Escucho esa expresión por donde ando...

Don Erwin – Yo me callé y no dije más nada. Entonces, nosotros dentro de Brasil creamos ese tipo de xenofobia, necesitamos darnos cuenta de que eso es del tiempo del tigre, pertenece a una época histórica ultrapasada. Tenemos que cambiar nuestra cabeza  para estar a la altura de este nuevo momento histórico. En un mundo llamado globalizado no podemos vivir de ese modo. ¿Por qué no nos hermanamos realmente? Aquí en Brasil nosotros gritamos nuestra aversión contra el extranjero y, cuando el brasilero va allá afuera, siente lo mismo en la piel.  


- ¿El señor vivió en Amazonia el proyecto de la dictadura militar, la mentalidad del “Brasil Grande”. El señor encuentra semejanzas entre el proyecto de desarrollo para la Amazonía de la dictadura y el proyecto de los gobiernos democráticos de Lula y de Dilma?

Don Erwin – Sí. Para mí, la única diferencia es esta: hoy, tenemos una dictadura civil... electa.